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VIETNAM Y CAMBOYA: el viaje que nos cambió

¿Sabes reconocer un punto de inflexión en tu vida? ¿Cuándo algo hace click dentro de ti y ya no puedes dejar de pensar en ello?

Muchas son las vivencias que nos influyen, decisiones que tomamos a nivel personal, laboral, cambio de lugar de residencia, una enfermedad, experiencias.

Llevamos una vida normal, con altibajos como todos. Yo trabajo en una oficina de cara al público y esto imprime carácter, influye en la forma que te relacionas con los demás, en el vestir, en un orden de cosas. Hay trabajos en los que te puedes permitir llevar el pelo azul, un piercing en la nariz, vestir a tu aire, etc. En el mío no, por tanto te influye a la hora de comprar ropa, calzado, peluquería…

Así es y era nuestra vida, con las ilusiones del siguiente viaje, la casa, salir con los amigos, la familia. Hasta que nos decidimos por el viaje Vietnam y Camboya. Ya en la agencia de viajes nos aconsejaron que fuésemos primero a otros países de Asia y dejáramos estos para el final porque, sobre todo, Vietnam tiene mucho éxito y a lo mejor después  los demás no nos gustaban tanto.

Teníamos tantas ganas de ir que no quisimos posponerlo.

Fuimos con viaje organizado porque sólo teníamos dos semanas de vacaciones. Lo bueno es que era un viaje de ver cosas por la mañana y las tardes libres.

Hicimos noche en vuelo y llegamos a Hanoi por la mañana. Tan pronto que no nos daban la habitación hasta horas más tarde; así que, dejamos el equipaje y nos fuimos con lo puesto a dar una vuelta.

Nos atrapó desde el primer momento. Nos emocionaba vernos en medio de ese maremágnum de motos que habíamos visto tantas veces por televisión. Las aceras abarrotadas, porque las aparcan allí, sin poder caminar por ellas los peatones. Las calles del centro divididas por gremios como antaño en España, el mercado la mar de curioso por lo que venden en él, el lago, la gente, las terrazas en la calle Ta Hien con esas mesitas y taburetes de plástico enanos en los que te sientas y te llegan las rodillas a las orejas, donde te tomas una cerveza artesana Bia Hoi por 0,20€, los xiclos haciendo pequeños tours a turistas, el masaje de pies que nos dimos, y las comidas ¿ay qué comidas! La primera noche cenamos en la calle Ma May en el Ying Yang, todo riquísimo y muy variado, y el precio genial. La comida no es picante y las cervezas también nos gustaron.

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Al día siguiente nos llevaron a visitar el Mausoleo de Ho Chi Minh, el Palacio Real, la cárcel La Maison Centrale, el Templo de la Literatura, el Templo Ngoc Son en medio del lago Hoan Kiem.

 

Dimos el paseo en xiclo por el barrio antiguo o barrio de las 36 calles. Fuimos a ver el muy recomendable espectáculo de las marionetas de agua.

El guía nos contó las cinco felicidades de los vietnamitas: la familia, el trabajo, la salud, la seguridad y morir sin dolor.

Al tercer día salimos de Hanoi. Ya en ese momento empezamos a sentir que nos arrancaban de los brazos de un lugar que no queríamos abandonar. ¿Qué nos estaba pasando? Ahí comenzó nuestro cambio.

Nos trasladamos a la Bahía de Halong: espectacular. Me sentí la persona más afortunada viéndome en medio de semejante paraje natural, en un barco tipo Mississippi en el que sólo íbamos 20 personas y la tripulación, un lujo. Sobre todo la sensación de estar en el centro del universo esa noche en cubierta, escuchando el silencio y con miles de estrellas sobre nuestras cabezas, el mecer del barco mientras dormíamos. Algo me invadió por dentro, no me he vuelto a sentir así en ningún otro lugar.

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Hago un inciso aquí: los barcos turísticos sólo podrán seguir pernoctando allí hasta 2020, luego tendrán que ir y volver en el día. Queda poco, no lo dudéis e id.

Visitamos el pueblo flotante y, al día siguiente, el mirador Tip Top con vistas espectaculares de toda la bahía, y luego bajamos a darnos un chapuzón en la playa.

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De vuelta a tierra, visitamos la Pagoda Con Son y a coger un avión para nuestro siguiente destino: Hoi An, desde nuestro punto de vista, la joya de Vietnam. El lugar donde nos hubiésemos quedado a vivir.

Es una población cuyo casco histórico son casitas de dos plantas pintadas en amarillo. Al atardecer lo peatonalizan aunque se puede circular con bicicleta, las alquilan. E incluso puedes ir con ellas hasta la playa donde encuentras un montón de restaurantes de marisco.

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En Hoi An es imprescindible visitar el mercado e investigar todo lo que venden y lo diferente que puede ser con los nuestros. Nos llamó mucho la atención que tengan el pescado vivo, en muchos lugares de Asia es así.

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Estuvimos en el Templo Quan Cong que tiene unos conos de incienso colgando del techo con agradecimientos o deseos de la gente.

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El puente cubierto japonés es una maravilla y más iluminado por la noche.

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Los farolillos de seda de colores que encienden al atardecer y hacen del centro un espectáculo maravilloso que no puedes dejar de recorrer. Callejear por la orilla del río Thu Bon que está plagado de restaurantes para disfrutar su gastronomía, el puente sobre el río que también iluminan al atardecer, el mercadillo nocturno que hay al otro lado para adquirir recuerdos típicos de allí.

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Hoi An nos enamoró literalmente, algo hizo click en nuestras cabezas porque, dos años después, seguimos soñando y tenemos ese sentimiento agarrado al corazón. Necesitamos volver.

Al día siguiente, a nuestro pesar, al viaje continuaba y paramos en el museo de Da Nang para visitarlo y ver el Puente del Dragón. Este año han inaugurado el Golden Bridge o puente de las manos por estar sostenido por dos manos gigantes y se ha convertido en el atractivo turístico de la zona.

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De camino a Hue paramos en el Templo Thien Hue y un bunker donde había unos novios haciéndose las fotos de la boda, bien curioso, nos comentaron que era algo habitual.

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Tampoco hay que perderse el Mausoleo de Khai Dinh y sus figuras de piedra donde te puedes hacer una simpática foto. También visitamos el Mausoleo Minh Mang del Rey de las 500 esposas. Aún no saben en qué lugar exacto está su cuerpo, y es un sitio enorme.

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En Hue fuimos en barco por el Río Perfume y visitamos la Ciudad Prohibida. Tiene más variedad de estilos arquitectónicos que la de Pekín y personalmente nos gustó más que la de China.

La población de Hue la encontramos con las calles levantadas por obras en las canalizaciones por lo que no la disfrutamos tanto, pero también tiene ambiente y calles con restaurantes.

Al día siguiente avión a la Conchinchina que es como se llama el sur de Vietnam. Ho Chi Minh (la antigua Saigón) es una ciudad moderna de edificios altos, la más globalizada, y también la más cara. Su calle principal Nguyen Hue está llena de fuentes y es agradable pasearla por la noche. Caminando un poco más se llega al mercado nocturno donde venden imitaciones. También las hay en el Saigon Square. En casi todos los centros de las poblaciones hay una calle que se llama Le Loi, sería un equivalente a nuestra calle Mayor de muchos sitios. Descubrimos el Street Food Market con muchas opciones de cena y una zona común de mesas.

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Visitamos el edificio de Correos donde la gente se hacía fotos de boda, al lado está Notre Dame. También nos llevaron a ver el Palacio de la Reunificación. La ciudad no nos enganchó especialmente, pero hay que visitarla para hacerte una idea completa del país.

Y por supuesto hicimos la excursión al Delta del Mekong. Me dejó impresionada, aquí fue donde pude hacerme a la idea de lo que fue la guerra de Vietnam. Imaginaba a los soldados americanos cargados hasta arriba por aquellos canales llenos de mosquitos y una humedad terrible. Era imposible que hubiesen ganado.

Nos llevaron a una fábrica artesanal de caramelos de coco y a comer el pez “oreja de elefante” sabrosísimo.

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Abandonamos Vietnam y nos dirigimos a Camboya. Nos alegramos de haber escogido esta combinación porque no sabemos si volveremos a Camboya y los Templos de Angkor en Siem Reap merecen muchísimo la pena.

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Camboya es más pobre que Vietnam pero en Siem Reap tuvimos una estancia muy agradable. Es una población turística con ambiente, calles peatonales con restaurantes y tiendas. La comida es menos variada que en Vietnam pero también muy rica. La calle central es Pub Street donde puedes tomarte una cerveza y darte un masaje de pies desde 3$.

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La visita a los Templos de Angkor la hicimos en los tres días que estuvimos allí, es una extensión enorme. El primero que vimos fue el templo Ta Prohm donde se rodó la película Tomb Raider. La reconoceréis en la foto, los árboles forman parte del templo, se han unido a él.

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El que da nombre a la zona es el templo Angkor Wat cuyo perfil está en la bandera de Camboya. Hacía tremendo calor el día que estuvimos y sufrí un golpe de calor. Ese día nuestros móviles marcaban 49 grados de sensación térmica. Hubo personas de nuestro grupo que no llegaron a bajar del minibús por este motivo, y por supuesto llevábamos paraguas para protegernos en la medida de los posible. También el abanico es indispensable.

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El Templo de Bayon: típico por sus más de 200 cabezas de Buda mirando hacia los cuatro puntos cardinales, cada una tiene un tipo de mirada, una sonrisa diferente.

Consejo: en algunos templos puedes entrar con pantalón corto pero en otros no. Lo aviso para que seáis previsores. Yo tuve que comprar uno en la tienda de souvenirs en uno de ellos. Si no, un pareo anudado por encima puede ser una solución.

Os dejo también una imagen de la Puerta Sur de Angkor Thom donde también se aprecian las cuatro caras mirando hacia los cuatro puntos cardinales.

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De camino vimos gente recolectando arroz, a un padre pescando con su hija, puestos de venta de flor de loto, personas que venden artesanía en sus casas.

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Visitamos los Templos de Banteay Srei y Banteay Samre. Todo ello con el paraguas para protegernos del sol. Estuvimos en agosto, el guía nos dijo que la mejor época es mayo/junio.

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Por último nos llevaron al Tonle Sap Lake Floating Market. Un pequeño espacio flotante con tiendecillas en medio del río, donde también tenían cocodrilos.

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Y de allí regresamos a España.

Sin duda un viaje que nos marcó. Unos lugares que consiguieron poner mi alma en modo zen cuando soy una persona que actúa movida por el estrés y las prisas. Probablemente descubrirme a mí misma en otra onda, en esa fusión con el entorno, experimentar otra forma de vida más amable que la nuestra es lo que me ha cambiado. Lo mejor de todo es que nos ocurrió lo mismo a los dos en el mismo lugar. Nos transformó y no hemos vuelto a ser los mismos. No dejamos de soñar con esa zona del mundo.

Hemos cambiado desde entonces, somos menos materialistas, menos ambiciosos, me hice un tatuaje en el pie con la estrella de la bandera de Vietnam, me siento más hippie y más libre, viajamos más ligeros de equipaje desde entonces y somos más felices, más conscientes de que se puede vivir de muchas maneras y en muchos sitios.

VOLVEREMOS

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COSTA RICA

Recién llegados de allí, he querido plasmar mis sensaciones, antes de que la perspectiva las difumine.

Tres palabras me vienen a la cabeza pensando en este país: naturaleza, caro y huelga.

Lástima que no todo haya sido positivo, porque sus gentes son muy amables y el país es precioso aunque le falta desarrollarse, sobre todo en infraestructuras, carreteras principalmente.

Escogimos el modo de viaje “fly and drive” con los alojamientos reservados desde aquí porque en septiembre todavía es temporada alta de turismo europeo y norteamericano; aunque yo creo que no hubiésemos tenido problemas en dormir en lo que ellos llaman “cabinas”, alojamientos más sencillos y baratos.

Teníamos dos semanas de vacaciones y estudiamos qué lugares iban a ser nuestros imprescindibles. La primera noche y la última, por un tema práctico, en San José, la capital, desde donde salen y llegan los vuelos.

Las dos siguientes noches en Tortuguero. Allí hay que ir con paquete organizado de hotel con pensión completa, excursiones y guías incluidos. Son todo canales y hay que desplazarse en barca. Los hoteles están en medio del Parque Nacional y puedes disfrutar, sin moverte de allí, de los monos cariblancos, los monos aulladores, los monos araña; las iguanas; los basiliscos; los cangrejos azules; los cocodrilos; las ranitas “blue jeans” rojas y de patas azules; y por supuesto, las tortugas marinas.

Nos ofrecieron la excursión nocturna para ser espectadores en primera línea del desove de las tortugas, naturaleza en estado puro. Cómo eligen el sitio, hacen el hueco, ponen los huevos en un estado de trance, y luego lo tapan todo para evitar depredadores en la medida de lo posible, nos resultó emocionante, mágico.

También aprovechamos para ir al “canopi” que es como llaman allí a las tirolinas, cosa que recomiendo para formar parte de este maravilloso escenario y verlo desde arriba. Aunque tengo que reconocer que tengo mucho vértigo y, la subida por una escalera de gato para llegar arriba, fue lo peor.

A partir del cuarto día cogimos el vehículo 4×4 de alquiler para recorrer a partir de ese momento el país por nuestra cuenta y sentir la libertad de ir a nuestro aire.

Muy pronto empezamos a tomar conciencia de lo caro que es, de hecho el país más caro de Latinoamérica. Por poner ejemplos, una lata de cerveza de 33cl costaba en supermercado alrededor de 1,50$ (Dólar USA). La moneda de allí son los Colones pero admiten el pago en ambas monedas, eso sí, la vuelta es siempre en Colones. Acostumbrados como estamos más a viajar por Asia que en general es más barato, pronto nos dimos cuenta de que las cenas no bajaban ningún día de 40$ los dos, así que decidimos aprovechar los desayunos que teníamos incluidos en los hoteles, comer de picnic y cenar en restaurante o Sodas (así se llaman allí los restaurantes populares). Descubrimos que en las panaderías hacen unas empanadas saladas individuales rellenas muy ricas por 1,20$ (solían tener de pollo, de jamón y queso, de patatas con salsa, de jalapeños con carne), y con bebida y fruta podíamos comer donde nos pillara. A este viaje nos llevamos nuestra cantimplora que nos vino muy bien para llevarla de excursión. El agua en Costa Rica es potable, no es necesario comprar agua embotellada. En los hoteles suele haber dispensadores para rellenarlas. De esta manera podíamos comer en la playa, en una cascada, en un Parque Nacional, en el coche, e incluso en la habitación.

Después de Tortuguero, nos dirigimos a Puerto Viejo, al sureste, en el Caribe. Una población pequeña, con mar y ambiente afrocaribeño. Allí se puede visitar el Parque Nacional de Cahuita. Tiene dos entradas: una para caminar por sendero dando una vuelta de unos 8kms y en la que se da un donativo en la entrada. Y otra en la que se camina por pasarelas de madera (2kms) de manera más cómoda sin pisar barro, y tiene un coste de 5$ por persona. Dentro del Parque se llega hasta Punta Vargas y hay playa.

Ese día por la tarde fuimos a la Playa Punta Uva donde hay una pequeña barrera de coral y estuvimos practicando snorkel. Disfrutamos mucho viendo erizos, coral, peces… Y de allí nos acercamos al mirador de Manzanillo desde el que se ve la playa tranquila. Esta es la zona más cercana a Panamá, de hecho se puede hacer desde allí una excursión en barco a las Bocas del Toro.

Cenamos en el restaurante Monli, que nos recomendó una pareja de Oviedo que aprovecho a saludar desde aquí.

Estuvimos alojados en Azania Bungalows, un remanso de paz y tranquilidad donde hay únicamente 10 casitas de madera entre la vegetación, una piscina en la que pudimos relajarnos y todo muy a mano, incluso la salida a la playa.

 

Los problemas llegaron al día siguiente que viajábamos de Puerto Viejo a Volcán Arenal. Los funcionarios declararon una huelga indefinida y cortaban las carreteras con piquetes. Esto, en un país en el que se circula entre 60 y 80kms por hora (son los límites marcados), provocó que tardásemos 8 horas a llegar cuando habitualmente son 4,5h. Esto nos acompañó en todos nuestros trayectos por lo que ensombrece bastante el recuerdo que me queda de este viaje. Hemos pasado demasiadas horas parados y al sol, gastando combustible porque no se puede respirar dentro del coche sin aire acondicionado. Y sobre todo el desgaste que supone ver cómo pierdes un tiempo precioso que necesitas para recorrer el país que has ido a conocer.

Amanece a las 5:30h y se hace de noche a las 17:30h, aunque madrugásemos, como los desayunos solían ser alrededor de las 6:30h o las 7h, al siguiente destino llegábamos de noche y no te ubicas igual. Además las poblaciones están pobremente alumbradas. La mejor luz es la de los comercios que están abiertos.

Estuvimos alojados en La Fortuna, en el hotel Lomas del Volcán, en una cabañita con vistas directas al volcán, un auténtico lujo. Allí cenamos carne típica de esa zona la primera noche en “Nenes” y corvina al ajillo la segunda en “Víquez”, ambos muy recomendables; por precio, mejor el segundo (24$ los dos) y son muy amables.

 

En el área del Parque de Volcán Arenal vimos dos opciones de trekking: una en una finca privada cuya entrada son 12$ por persona, y el propio Parque Nacional que se pagan 15$ por persona. Escogimos la primera opción porque era el trekking más largo, de 2h, y te acercabas al punto más cercano permitido al cráter. Disfrutamos mucho esta caminata y tengo que destacar que vimos un insecto palo. En la foto no se apreciaba bien, así que os dejamos un pequeño gif para ver cómo se movía cuando notó que lo habíamos descubierto.

Esa tarde fuimos a las termas de Tabacon, no a las oficiales del hotel sino a las populares (y gratuitas). Están justo enfrente. Se nota por la cantidad de coches que hay en el arcén. Le pagas una propina al gorrilla y te adentras en un sitio bien curioso, pasas por debajo de la carretera y buscas sitio en el río con agua termal para poder relajarte.

Siguiente destino: Monteverde. El trayecto fue muy pesado porque el navegador nos llevó por caminos sin asfaltar aunque resultaron ser los más directos según nos dijeron, y nos vibraba todo el cuerpo al llegar. Aquí tuvimos que sacar la manga larga y el paraguas porque nos llovieron las dos noches, y de qué manera. Las cenas las hicimos en dos Sodas recomendadas: Sabor Tico (en el edificio del centro comercial, en la segunda planta), y en la Bonanza (recomiendo el pollo en salsa de maracuyá).

La primera tarde fuimos a ver el árbol hueco que, como puede apreciarse en la foto, se puede acceder hasta la copa escalando desde dentro del tronco sin ninguna dificultad. Es muy curioso y es de lo poco que sigue siendo gratis en ese país.

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Al día siguiente por la mañana fuimos a ver los puentes colgantes. Elegimos la empresa Sky Adventures cuya tarifa con guía por 2h es de 39$ por persona. Aquí descubrimos un insecto hoja, también raro de ver, así que nos consideramos afortunados.

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El guía nos descubrió las tarántulas, y nos contó curiosidades de la fauna costarricense. Está prohibido alimentar a los animales porque tienen estudiado que, a la tercera generación, han perdido el instinto de buscar su propia comida y sólo la buscan en las mochilas de los turistas a los que han perdido el miedo puesto que han mamado desde crías con sus progenitores que no les hacen daño. Por tanto escribo esta explicación desde aquí porque creo que es a tener en cuenta intentar no cargarnos la biodiversidad que tienen allí. Los mapaches de hecho no tienen ningún miedo y disponen de las mochilas de los turistas a su antojo.

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Por la tarde fuimos al Parque Nuboso de Santa Elena: 22$ por persona… podéis ir sumando el presupuesto de ese día sólo en ver naturaleza, aparte comer y echar gasolina al coche. Una ruina. Pero es recomendable hacer un trekking y llegar hasta el mirador La Ventana en la que uno encuentra la división continental de sus aguas, hay dos vertientes: una que desemboca en el Mar Caribe y la otra en el Océano Pacífico ¡y están en el mismo Parque! Merece la pena, en el propio mirador puedes poner un pie en cada vertiente. También hay un puente colgante y una catarata.

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Al día siguiente, pese a madrugar todavía más, nos encontramos con parones en la carretera pero conseguimos llegar a Manuel Antonio todavía de día y habiendo pasado por el puente sobre el río Tárcoles donde se pueden hacer fotos a los cocodrilos de la orilla.

En el hotel tuvimos la grandísima suerte de tener un perezoso con su cría en un árbol en la misma puerta de la habitación. Esto sí que fue un regalo, el premio gordo.

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No puedo opinar sobre el Parque Nacional de Manuel Antonio porque no fuimos, decidimos ir hacia el sur y pasar refrescándonos un rato en la Catarata Uvita.

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  Y a continuación dirigirnos a Marino Ballena, llamado así por la forma que tiene de cola de ballena como podéis apreciar en la foto. Desde mi punto de vista, la joya de la corona, lo mejor de Costa Rica: impresionante. Se puede cruzar hasta Punta Uvita cuando baja la marea (en estas fechas a las 15h). Nosotros cruzamos antes, cuando todavía nos llegaba el agua un poco más arriba de la rodilla y las olas del norte y del sur rompían en medio donde estábamos caminando nosotros. Allí ofrecen excursiones para el avistamiento de ballenas aunque nosotros preferimos hacer snorkel, sumergirnos en la barrera de coral de esa zona y disfrutar de la fauna marina más pequeña.

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Al día siguiente vuelta a San José, de nuevo con problemas por la huelga.

Fuimos al centro de la ciudad y fue una lástima no encontrar ni un solo restaurante local para cenar. La calle peatonal está plagada de franquicias extranjeras.

En resumen, encantados de haber visitado este país bendecido por tanta naturaleza pero una pena haber coincidido con la huelga. Agradezco la amabilidad de sus gentes y siento que sus precios estén tan altos porque son los primeros en sufrirlos.

Precioso país. No os lo perdáis.

¡Costa Rica,  pura vida!

China

No fue mi primera opción en las últimas vacaciones (junio 2018). Sabíamos que queríamos ir a Asia porque teníamos tres semanas y este continente es el que más nos gusta por lo diferente que es en todo. Nos tiene atrapados.

Al tener tanto tiempo para viajar nos decantamos por un país grande, preferimos hacerlo en una vez y no tener que ir varias veces para conocer lo más importante.

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Tengo que recordar todo lo emblemático que tiene China y que son de sobras conocidos por todos: la Plaza Tiananmen, el Mausoleo de Mao,

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la Ciudad Prohibida,

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la Gran Muralla,

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los Guerreros de Terracota de Xian,

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Guilin y el crucero por el río Li,

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Shanghai,

 

Hangzhou y Suzhou…

En general no había oído comentarios positivos sobre limpieza y otras costumbres como la de escupir en la calle, el problema de la polución… En fin, que me iba preparando mentalmente para todo ello.

Quizás fue por esto que me ha sorprendido gratamente. He encontrado un país muy avanzado tecnológicamente hablando. Pagan con el móvil escaneando el código QR en los establecimientos, incluso en chiringuitos de la calle como los que se ponen en las fiestas en nuestras ciudades. Las calle están muy limpias, tengo que reconocer que, en muchos casos, mejor que aquí. Y, en cuanto a lo de escupir, creo los superamos.

Me he sentido agusto, sin sensación de inseguridad, cosa que para mí es importante. La única pega es el tema del idioma. Son contados los chinos que hablan algo de inglés. Este fue uno de los motivos por los que escogimos viaje organizado con agencia. Hubiera sido complicado hacernos entender, por ejemplo, en la estación de trenes de Pekín porque estaba todo escrito únicamente en chino; sólo podíamos leer los números. Menos mal que el guía nos dejó en el andén correcto para subir al tren para ir a Xian.

Sin embargo las estaciones de metro ya están los letreros en los dos idiomas (chino e inglés). Ello nos permitió movernos con libertad las tardes libres. Además es un medio de transporte muy barato: en Xian costaba 0,30€ y en Shanghai 0,50€. También es cierto que, ir en un taxi durante 40 minutos, costaba alrededor de 4,50€ en Pekín; pero los taxistas no son muy amigos de llevar extranjeros (en algunas ciudades) porque piensan que van a tener problemas para entenderse. No es así si en el hotel pides una “business card” con el nombre y la dirección del hotel escritos en chino y se la enseñas al taxista para volver. Y para ir a cualquier sitio, enseñando el plano de la ciudad e indicando dónde quieres ir, solucionado.

En cuanto a las comidas también nos ha sorprendido gratamente. Hay mucha variedad y, para mi gusto, es mejor que la de los restaurantes chinos de aquí que es mucho más básica. Eso sí, allí es picante. Cierto es que, cuando te ven extranjero, son más comedidos e incluso te sirven el picante aparte para que lo adereces a tu gusto. Los precios son más baratos que los de aquí, hemos llegado a comer bien por 5€ por persona.

En cuanto al carácter, nos hemos encontrado chinos sonrientes, amables, y consumistas, lo cual nos ha chocado viendo lo trabajadores que son los de aquí que nunca te los encuentras consumiendo en tiendas y restaurantes. Allí, si pueden permitírselo, se compran muchos artículos de marca. Hacen mucha vida en la calle, taichi en los parques por las mañanas, bailes con música en las aceras por la noche, les encanta la fiesta, las luces, los colores… Es verdad que, tal y como intuimos aquí, se visten y ponen complementos muy infantiles; esto nos hacía bastante gracia.

El parque automovilístico también nos ha dejado con la boda abierta por la cantidad de vehículos de alta gama que circulan por las calles, casi no se ven utilitarios de andar por casa como aquí. Y las motos son prácticamente todas eléctricas. La polución les está cambiando rápidamente la manera de pensar y comprar.

En fin que recomiendo China, es un gran país y no sólo por su extensión y número de habitantes. No nos hemos sentido agobiados por la masificación, son muy ordenados, nos hemos sentido seguros y bien acogidos. Creo que, en unos años, cuando se hayan puesto al día con el inglés, será un interesante país asiático a visitar por libre.

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