Archivo de la categoría: Reflexiones

QUÉ NOS GUSTA CUANDO SOMOS TURISTAS

Creo que todos somos conscientes de esos pequeños detalles que nos gustan cuando viajamos y, al revés, de esas cosas que nos molestan.

Que sea complicado averiguar cómo hacer una cosa u otra es terrible porque en general no estás una semana en el mismo destino, necesitas que las cosas sean sencillas. Voy a intentar resumir ese tipo de detalles para intentar que mejoremos cada uno desde nuestras posibilidades.

Que un sitio tenga oficina de turismo en el lugar adecuado es importante. A veces estás viajando por tu cuenta en tu propio coche y la oficina de turismo está en un lugar peatonal o en un sitio donde no puedes parar un par de minutos para solicitar un mapa y un folleto con lo que hay que visitar en la zona. Este es un error que podría solventare en cualquier ciudad teniendo una oficina de turismo céntrica y otra en la entrada a la misma. Así podrías pedir información tanto si viajas en coche como si vas en viaje organizado. Además es importante que en estas oficinas haya personal que hable, al menos, inglés. Nos guste más o menos, se ha convertido en idioma universal y, llegar a un sitio a pedir información y que sólo hablen el idioma local, es desesperante. Además deberían estar lo suficientemente informados de lo que hay que visitar en esa zona. A veces te encuentras con personal que no tiene ni idea y te das cuenta que estás más informado tú que ellos.

Tengo una anécdota personal respecto a Pompeya. Cuando fui todavía no había navegadores ni móviles con internet, me desplacé una mañana en mi coche desde Roma y nadie me supo indicar dónde estaba la entrada para visitar las ruinas, y por supuesto no había señales que lo indicaran. Todavía no puedo creer que nadie supiera decirme dónde estaban ¿a qué creen que van los turistas allí? Conclusión, me volví sin verlo porque, cuando lo encontré, cerraban en 15 minutos y me prohibieron la entrada. Del enfado juré que no volvería y así ha sido.

Que llegues a una población bien o mal señalizada es el día y la noche. Si un lugar quiere volcarse con el turismo, es lo primero que debe revisar. Imagina ir por un sitio desconocido buscando el lugar famoso/imprescindible de allí y que no haya ni una señal que lo indique. Es desesperante, sobre todo, si no puedes comunicarte con la gente.

También te encuentras lugares bien señalizados pero el camino tiene un mantenimiento deficiente, un acceso terrible y/o temes por la salud de tu coche.

La amabilidad de la gente influye mucho pero ahí los gobiernos o ayuntamientos tienen menos culpa. No obstante, la educación cívica para recibir turismo es muy importante. En un país como el nuestro ni os cuento. Deberíamos tender a la excelencia. No se puede pretender exprimir a todo el que venga sin ofrecerle calidad a cambio. Porque vendrán una vez a ver nuestro patrimonio pero, volver o no, dependerá de cómo se sientan tratados. Y debemos ser empáticos, tener la suficiente habilidad de saber cómo nos gustaría que nos trataran a nosotros en un lugar donde no conocemos el idioma y actuar en consecuencia.

Este año que hemos visitado China, hemos sido muy conscientes de todo ello. Sólo comíamos en restaurantes que tuviesen la carta subtitulada en inglés o con fotografías de sus platos porque, si no, no sabíamos qué pedíamos. También es importante ofrecer platos típicos del lugar porque, al fin y al cabo, es lo que vas buscando. Imagina ir a Segovia y no encontrar un sitio donde degustar el cochinillo.

También nos pasó con los billetes de metro. Estaba explicado de tal manera –en las máquinas expendedoras- que no supimos entenderlo a la primera y tuvimos problemas en la siguiente estación. A nadie nos gusta sentirnos como Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí”.

También ocurre con calles que a determinada hora se convierten en peatonales. ¿Lo indican bien? Porque a nosotros nos han llamado la atención en algún sitio por este tema y nos señalaron un cartel que ponía “zona 1”. ¿De verdad en ese país pensaban que somos adivinos y sabíamos que la “zona 1” era para residentes a partir de cierta hora? O que se pueda o no aparcar en ciertos sitios y luego te encuentras el coche con un cepo amarillo en la rueda. Esto último lo sufrí en Bratislava y me lo habían aconsejado en la oficina de turismo.

Que intenten sablearte también lo detectas enseguida. Hay lugares que te venden la entrada, para nada barata, y arréglate como puedas. Si pides un mapa del lugar que vas a visitar te ofrecen una fotocopia y pagando. Los que hayan visitado Sicilia se sentirán identificados.

Lo mismo en los restaurantes. Si pides consejo para que te orienten porque no sabes qué pedir o cómo son de grandes los platos, no te gusta que te engañen para que gastes más. Cuidemos los detalles. Pongámonos en la piel del turista que ha venido a conocernos y a gastarse un dinero.

Todo esto repercute en el futuro. Y más ahora que hay plataformas como TripAdvisor en la que puedes leer opiniones anteriores.

Que las calles estén con sus nombres cuando corresponde también es importante cuando estás leyendo un mapa.

Que cada lugar tenga una página web en condiciones que sea sencilla de manejar para encontrar la información es fundamental. Siempre pongámonos en la piel del que no nos conoce y necesita localizar lo que busca.

No intentemos aprovecharnos del turista. No es tonto y no hablará bien de nosotros si nos aprovechamos de él o tiene dificultad para moverse porque no le indicamos como es debido. Seamos cívicos y mantengamos los lugares adecuadamente, cuidemos la limpieza, ofrezcamos calidad, seamos amables.

Viajando por España a nuestro aire

Esta reflexión no la aplico a viajes por el extranjero por los motivos que expongo en esta entrada. Tampoco para viajes organizados en que no eliges tú.

De siempre, cuando viajaba, me estresaba intentando verlo todo, me informaba antes de salir y, en destino, en oficinas de turismo de todo lo que había que ver y visitar, no fuera a ser que me dejara algo sin ver. Sacaba tiempo de debajo de las piedras para no dejarme nada.

Madurando y a través de la experiencia, la vida es corta, cierto, pero lo suficientemente larga para tener la oportunidad de volver al mismo lugar en una semana de vacaciones, un puente, un fin de semana.

De lo que me he dado cuenta viajando es que cometía el error de querer verlo todo y se me pasaba por alto disfrutar el sitio.

Ahora soy de la opinión de ver lo imprescindible o lo que más te atrae del lugar en cuestión y que te dé tiempo a disfrutarlo, a vivirlo, a formar parte de él.

Recuerdo las dos primeras veces que estuve en Andalucía: una con mis padres y otra de viaje de estudios al terminar el bachiller. En ambas ocasiones recorrí una región de diez provincias en 10 día ¡toma ya! Como si no hubiera un mañana. Y creo que este error lo cometemos muchos.

He cambiado y esto me lo ha hecho ver mi marido que, menos mal, es menos nervioso que yo. Ahora, cuando vamos a Andalucía, estamos una semana en una provincia. La recorremos a nuestro ritmo y la saboreamos ¡vaya que si la saboreamos! En el sentido literal. Y con el resto de España igual.

Es más, para alojarnos, preferimos escoger una localidad que nos haga de “centro de operaciones” y movernos desde allí.

¿Por qué? Por la comodidad de deshacer la maleta y no estar itinerantes durante siete días. Preferimos hacer de ese alojamiento “nuestro hogar” durante ese tiempo.

Solemos decantarnos por Aparthotel por varios motivos: tiene cocina, es más grande y dispone de los servicios de un hotel. Importante es que tenga lavadora, así no tienes que llevarte un maletón y puedes lavar en caso de una mancha, e incluso traer la ropa limpia a casa.

Hace tiempo que nos hemos dado cuenta que no es más caro que un hotel y realmente tienes más metros cuadrados por lo que estás más cómodo. Pero, sobre todo, el tener cocina nos da más libertad: desayunamos antes de salir en pijama y sin depender de horarios, y podemos cenar también allí a la vuelta de una excursión, cuando estás cansado, después de una ducha y no tienes la obligación de salir a cenar. Además puedes tomar algo más ligero.

El centro de operaciones, como lo llamamos nosotros, debe reunir varias características: que nos permita ir y volver cada día, es decir, que esté más o menos en medio de lo importante, que sea un núcleo poblacional medianamente grande, con supermercado, centro con algo de ambiente, si es una provincia con mar preferimos que tenga playa, que no haya dificultades para aparcar.

Nos informamos de las visitas que se pueden hacer tanto en ciudades como en el campo (paisajes, caminatas, etc). Recorridos guiados caminando, en bus con audio-guías, freetours, las que salen de las oficinas de turismo, las teatralizadas. Realmente hay muchas opciones en cada sitio. Seleccionamos la que más nos interese y nos adaptamos al horario y el día que mejor nos venga. Hay que ser precavido con los días de cierre de sitios que se quiera ir. Incluso hay que tener en cuenta si son fiestas en el sitio donde vas. A veces también puede ser interesante coincidir con una feria.

Otra cosa que miramos siempre es el calendario de mercadillos de la zona. ¿Por qué? Porque el día de mercadillo en cualquier sitio es un día más animado, con más ambiente. Es un aliciente más para dar una vuelta e incluso adquirir algo típico, sobre todo, los que venden alimentos del lugar. Nos gusta darnos una vuelta por ellos, sentarnos en una terraza de una calle peatonal a tomar algo y disfrutar del ambiente, entrar en un mercado o supermercado y ver qué venden allí, preguntar a la gente dónde comer.

Mercadillosemanal

No somos muy exigentes en este punto. No buscamos sitios muy elegantes, preferimos un sitio de toda la vida con productos de calidad, aunque las mesas sean de formica, las paredes de baldosa y las servilletas de papel.

Somos conscientes de que preferimos viajar más a precios moderados que tirar la casa por la ventana una vez al año.

También elegimos no verlo todo y disfrutar de lo que visitamos, hablar con la gente, desplazarnos a comer a un sitio que merezca la pena, desviarnos de lo planificado y hacer algo improvisado.

No nos gusta hacer un maratón de viaje sin dejarnos nada y llegar agotados a casa sin haber tenido la sensación de haber estado de vacaciones.

VIETNAM Y CAMBOYA: el viaje que nos cambió

¿Sabes reconocer un punto de inflexión en tu vida? ¿Cuándo algo hace click dentro de ti y ya no puedes dejar de pensar en ello?

Muchas son las vivencias que nos influyen, decisiones que tomamos a nivel personal, laboral, cambio de lugar de residencia, una enfermedad, experiencias.

Llevamos una vida normal, con altibajos como todos. Yo trabajo en una oficina de cara al público y esto imprime carácter, influye en la forma que te relacionas con los demás, en el vestir, en un orden de cosas. Hay trabajos en los que te puedes permitir llevar el pelo azul, un piercing en la nariz, vestir a tu aire, etc. En el mío no, por tanto te influye a la hora de comprar ropa, calzado, peluquería…

Así es y era nuestra vida, con las ilusiones del siguiente viaje, la casa, salir con los amigos, la familia. Hasta que nos decidimos por el viaje Vietnam y Camboya. Ya en la agencia de viajes nos aconsejaron que fuésemos primero a otros países de Asia y dejáramos estos para el final porque, sobre todo, Vietnam tiene mucho éxito y a lo mejor después  los demás no nos gustaban tanto.

Teníamos tantas ganas de ir que no quisimos posponerlo.

Fuimos con viaje organizado porque sólo teníamos dos semanas de vacaciones. Lo bueno es que era un viaje de ver cosas por la mañana y las tardes libres.

Hicimos noche en vuelo y llegamos a Hanoi por la mañana. Tan pronto que no nos daban la habitación hasta horas más tarde; así que, dejamos el equipaje y nos fuimos con lo puesto a dar una vuelta.

Nos atrapó desde el primer momento. Nos emocionaba vernos en medio de ese maremágnum de motos que habíamos visto tantas veces por televisión. Las aceras abarrotadas, porque las aparcan allí, sin poder caminar por ellas los peatones. Las calles del centro divididas por gremios como antaño en España, el mercado la mar de curioso por lo que venden en él, el lago, la gente, las terrazas en la calle Ta Hien con esas mesitas y taburetes de plástico enanos en los que te sientas y te llegan las rodillas a las orejas, donde te tomas una cerveza artesana Bia Hoi por 0,20€, los xiclos haciendo pequeños tours a turistas, el masaje de pies que nos dimos, y las comidas ¿ay qué comidas! La primera noche cenamos en la calle Ma May en el Ying Yang, todo riquísimo y muy variado, y el precio genial. La comida no es picante y las cervezas también nos gustaron.

IMG_20160821_170854 2

Al día siguiente nos llevaron a visitar el Mausoleo de Ho Chi Minh, el Palacio Real, la cárcel La Maison Centrale, el Templo de la Literatura, el Templo Ngoc Son en medio del lago Hoan Kiem.

 

Dimos el paseo en xiclo por el barrio antiguo o barrio de las 36 calles. Fuimos a ver el muy recomendable espectáculo de las marionetas de agua.

El guía nos contó las cinco felicidades de los vietnamitas: la familia, el trabajo, la salud, la seguridad y morir sin dolor.

Al tercer día salimos de Hanoi. Ya en ese momento empezamos a sentir que nos arrancaban de los brazos de un lugar que no queríamos abandonar. ¿Qué nos estaba pasando? Ahí comenzó nuestro cambio.

Nos trasladamos a la Bahía de Halong: espectacular. Me sentí la persona más afortunada viéndome en medio de semejante paraje natural, en un barco tipo Mississippi en el que sólo íbamos 20 personas y la tripulación, un lujo. Sobre todo la sensación de estar en el centro del universo esa noche en cubierta, escuchando el silencio y con miles de estrellas sobre nuestras cabezas, el mecer del barco mientras dormíamos. Algo me invadió por dentro, no me he vuelto a sentir así en ningún otro lugar.

IMAG0349

 

Hago un inciso aquí: los barcos turísticos sólo podrán seguir pernoctando allí hasta 2020, luego tendrán que ir y volver en el día. Queda poco, no lo dudéis e id.

Visitamos el pueblo flotante y, al día siguiente, el mirador Tip Top con vistas espectaculares de toda la bahía, y luego bajamos a darnos un chapuzón en la playa.

P1030184

De vuelta a tierra, visitamos la Pagoda Con Son y a coger un avión para nuestro siguiente destino: Hoi An, desde nuestro punto de vista, la joya de Vietnam. El lugar donde nos hubiésemos quedado a vivir.

Es una población cuyo casco histórico son casitas de dos plantas pintadas en amarillo. Al atardecer lo peatonalizan aunque se puede circular con bicicleta, las alquilan. E incluso puedes ir con ellas hasta la playa donde encuentras un montón de restaurantes de marisco.

IMAG0384

En Hoi An es imprescindible visitar el mercado e investigar todo lo que venden y lo diferente que puede ser con los nuestros. Nos llamó mucho la atención que tengan el pescado vivo, en muchos lugares de Asia es así.

P1030229.JPG

Estuvimos en el Templo Quan Cong que tiene unos conos de incienso colgando del techo con agradecimientos o deseos de la gente.

P1030249.JPG

El puente cubierto japonés es una maravilla y más iluminado por la noche.

P1030281.JPG

Los farolillos de seda de colores que encienden al atardecer y hacen del centro un espectáculo maravilloso que no puedes dejar de recorrer. Callejear por la orilla del río Thu Bon que está plagado de restaurantes para disfrutar su gastronomía, el puente sobre el río que también iluminan al atardecer, el mercadillo nocturno que hay al otro lado para adquirir recuerdos típicos de allí.

P1030308

Hoi An nos enamoró literalmente, algo hizo click en nuestras cabezas porque, dos años después, seguimos soñando y tenemos ese sentimiento agarrado al corazón. Necesitamos volver.

Al día siguiente, a nuestro pesar, al viaje continuaba y paramos en el museo de Da Nang para visitarlo y ver el Puente del Dragón. Este año han inaugurado el Golden Bridge o puente de las manos por estar sostenido por dos manos gigantes y se ha convertido en el atractivo turístico de la zona.

IMG_20160826_092423.jpg

De camino a Hue paramos en el Templo Thien Hue y un bunker donde había unos novios haciéndose las fotos de la boda, bien curioso, nos comentaron que era algo habitual.

IMAG0390.jpg

Tampoco hay que perderse el Mausoleo de Khai Dinh y sus figuras de piedra donde te puedes hacer una simpática foto. También visitamos el Mausoleo Minh Mang del Rey de las 500 esposas. Aún no saben en qué lugar exacto está su cuerpo, y es un sitio enorme.

P1030366.JPG

En Hue fuimos en barco por el Río Perfume y visitamos la Ciudad Prohibida. Tiene más variedad de estilos arquitectónicos que la de Pekín y personalmente nos gustó más que la de China.

La población de Hue la encontramos con las calles levantadas por obras en las canalizaciones por lo que no la disfrutamos tanto, pero también tiene ambiente y calles con restaurantes.

Al día siguiente avión a la Conchinchina que es como se llama el sur de Vietnam. Ho Chi Minh (la antigua Saigón) es una ciudad moderna de edificios altos, la más globalizada, y también la más cara. Su calle principal Nguyen Hue está llena de fuentes y es agradable pasearla por la noche. Caminando un poco más se llega al mercado nocturno donde venden imitaciones. También las hay en el Saigon Square. En casi todos los centros de las poblaciones hay una calle que se llama Le Loi, sería un equivalente a nuestra calle Mayor de muchos sitios. Descubrimos el Street Food Market con muchas opciones de cena y una zona común de mesas.

IMG_20160828_211125.jpg

Visitamos el edificio de Correos donde la gente se hacía fotos de boda, al lado está Notre Dame. También nos llevaron a ver el Palacio de la Reunificación. La ciudad no nos enganchó especialmente, pero hay que visitarla para hacerte una idea completa del país.

Y por supuesto hicimos la excursión al Delta del Mekong. Me dejó impresionada, aquí fue donde pude hacerme a la idea de lo que fue la guerra de Vietnam. Imaginaba a los soldados americanos cargados hasta arriba por aquellos canales llenos de mosquitos y una humedad terrible. Era imposible que hubiesen ganado.

Nos llevaron a una fábrica artesanal de caramelos de coco y a comer el pez “oreja de elefante” sabrosísimo.

IMG_20160828_131500.jpg

 

Abandonamos Vietnam y nos dirigimos a Camboya. Nos alegramos de haber escogido esta combinación porque no sabemos si volveremos a Camboya y los Templos de Angkor en Siem Reap merecen muchísimo la pena.

2016-08-31 09.41.01.jpg

Camboya es más pobre que Vietnam pero en Siem Reap tuvimos una estancia muy agradable. Es una población turística con ambiente, calles peatonales con restaurantes y tiendas. La comida es menos variada que en Vietnam pero también muy rica. La calle central es Pub Street donde puedes tomarte una cerveza y darte un masaje de pies desde 3$.

IMG_20160901_141754.jpg

La visita a los Templos de Angkor la hicimos en los tres días que estuvimos allí, es una extensión enorme. El primero que vimos fue el templo Ta Prohm donde se rodó la película Tomb Raider. La reconoceréis en la foto, los árboles forman parte del templo, se han unido a él.

P1030594

El que da nombre a la zona es el templo Angkor Wat cuyo perfil está en la bandera de Camboya. Hacía tremendo calor el día que estuvimos y sufrí un golpe de calor. Ese día nuestros móviles marcaban 49 grados de sensación térmica. Hubo personas de nuestro grupo que no llegaron a bajar del minibús por este motivo, y por supuesto llevábamos paraguas para protegernos en la medida de los posible. También el abanico es indispensable.

P1030673.JPG

El Templo de Bayon: típico por sus más de 200 cabezas de Buda mirando hacia los cuatro puntos cardinales, cada una tiene un tipo de mirada, una sonrisa diferente.

Consejo: en algunos templos puedes entrar con pantalón corto pero en otros no. Lo aviso para que seáis previsores. Yo tuve que comprar uno en la tienda de souvenirs en uno de ellos. Si no, un pareo anudado por encima puede ser una solución.

Os dejo también una imagen de la Puerta Sur de Angkor Thom donde también se aprecian las cuatro caras mirando hacia los cuatro puntos cardinales.

P1030603

De camino vimos gente recolectando arroz, a un padre pescando con su hija, puestos de venta de flor de loto, personas que venden artesanía en sus casas.

IMG-20160831-WA0000.jpg

Visitamos los Templos de Banteay Srei y Banteay Samre. Todo ello con el paraguas para protegernos del sol. Estuvimos en agosto, el guía nos dijo que la mejor época es mayo/junio.

P1030759.JPG

Por último nos llevaron al Tonle Sap Lake Floating Market. Un pequeño espacio flotante con tiendecillas en medio del río, donde también tenían cocodrilos.

P1030798.JPG

Y de allí regresamos a España.

Sin duda un viaje que nos marcó. Unos lugares que consiguieron poner mi alma en modo zen cuando soy una persona que actúa movida por el estrés y las prisas. Probablemente descubrirme a mí misma en otra onda, en esa fusión con el entorno, experimentar otra forma de vida más amable que la nuestra es lo que me ha cambiado. Lo mejor de todo es que nos ocurrió lo mismo a los dos en el mismo lugar. Nos transformó y no hemos vuelto a ser los mismos. No dejamos de soñar con esa zona del mundo.

Hemos cambiado desde entonces, somos menos materialistas, menos ambiciosos, me hice un tatuaje en el pie con la estrella de la bandera de Vietnam, me siento más hippie y más libre, viajamos más ligeros de equipaje desde entonces y somos más felices, más conscientes de que se puede vivir de muchas maneras y en muchos sitios.

VOLVEREMOS

IMG_20160825_224941

¿Lo dejarías todo?

Cada uno tenemos unas ataduras más o menos fuertes. Unas se pueden dejar y otras no puedes soltarlas tan fácilmente.

Mi marido y yo fantaseamos mucho acerca de dejarlo todo e ir a vivir a otro país. Nos atrae mucho salir de la rutina y sumergirnos en otra cultura durante más tiempo que lo que son unas vacaciones.

Nos encantaría poder ser itinerantes una temporada y conocer un  montón de sitios a nuestro ritmo, sin las prisas de tener dos o tres semanas y ver tan sólo lo más importante de un país más o menos rápido. Ahora mismo no podemos hacerlo de otra forma, pero siempre nos pasa que nos vamos de cada lugar queriendo estar una o dos noches más. Es la sensación de ver las cosas pero no disponer del tiempo necesario para disfrutarlas.

Además de viajar y conocer otros lugares, lo que en el fondo nos gustaría es poder vivir en otro país al menos un tiempo. Vivir otra cultura, otras costumbres, otra gastronomía, y de verdad, desde dentro. El país que nos atrapó e instaló estos pensamientos en nuestras almas fue Vietnam. Nos sentimos muy bien allí a todos los niveles, y regresamos a casa con la idea de por qué no marcharnos allá a vivir. Y lo bueno es que nos pasó a los dos.

Una vez de vuelta, aparte de pensar de qué viviríamos, tomamos conciencia de los impedimentos. A mí personalmente me afecta estar demasiado alejada de mis padres. Si pasara algo, estaría muy lejos para venir rápidamente. No es  lo mismo coger el coche y llegar en un par de horas que tener que comprar un billete de avión, volar más de diez horas, y aún tener que coger un tren o un coche.

A nivel material está el tema de las hipotecas. Tuvimos la mala suerte (como mucha más gente) de tener que comprar la vivienda habitual cuando más caro estaba el mercado, y ahora es imposible recuperar la inversión vendiendo. Este es el mayor escollo porque los salarios allá son menores y sería complicado hacer frente a los pagos de aquí además de los de vivir allí.

Pero, si tuviésemos solucionado este tema, la respuesta sería SÍ. Cierto es que, al no tener hijos, somos más libres para tomar la decisión. Nos iríamos al menos unos años. La vida se va pasando y hay una edad para todo. La adaptabilidad es más sencilla cuando eres más joven. Y, llegar a mayor pensando “no lo intenté”, no es algo que me atraiga, no va con mi manera de ser.

Así que andamos a cuestas con nuestro sueño, jugando a la lotería de vez en cuando por si la suerte llamase a nuestra puerta, y haciendo números por si llega el día en que se pueda realizar. ¿Será nuestro “cuento de la lechera”?

Nos empapamos de programas de viajes por el mundo y de personas que emprendieron la marcha a otros lugares, aunque somos conscientes de que sólo muestran los que les ha ido bien. Seguramente no tendrían la misma audiencia si mostrasen a los que han fracasado, pero yo preferiría ver las dos caras de la moneda.

Me encantaría conocer a alguien en nuestra situación y que se decidió; que me contara su experiencia, si se atrevió a irse y cómo y por dónde empezó.

Lanzarse a la piscina dejándolo todo cuando se tienen deudas me parece una locura.

A lo mejor hay quien piensa que hay que confiar más en uno mismo y en su capacidad de salir adelante con optimismo. Quizás soy demasiado realista, incluso pesimista.

He leído mucho acerca de salir de tu zona de confort. Nosotros estamos deseando hacerlo. Pero con cabeza.

 

PROPINAS

Un tema este muy controvertido, pero quería abordarlo porque puede llegar a romperte el presupuesto de un viaje.
Como española, es algo en lo que a priori no cuento porque en España no son obligatorias. Para nosotros la propina es un acto voluntario y siempre como muestra de agradecimiento a la atención recibida.
Si yo decido consumir en un establecimiento porque me convencen los precios, opino que no es de recibo que tenga que contar con una carga obligatoria extra por ello.
Y sin embargo en muchos países no es así.
Me molesta bastante que, incluso en las revistas de viajes, se indique expresamente que se tenga en cuenta apartar dinero para el guía y el chófer. Concretamente, en nuestro viaje a China, recomendaban dar 10€ por persona y día al guía, y 5€ por persona y día al chófer. Estuvimos allí 15 noches, ¿os imagináis el presupuesto en propinas? ¿es que el mayorista no paga al corresponsal para que pague los sueldos a estas personas?
Menos mal que, comentándolo con el grupo, no estaban todos de acuerdo y cada uno dio o no según su criterio.
Cruceros no hemos hecho pero sí hemos visto escrita la coletilla “propinas no incluidas”, para que cuentes con llevar ese dinero de más. Increíble.
En mi viaje a Argentina con mis padres, íbamos con guía desde España y nos coaccionaba a dar a cada guía local 20€ por persona y día. Aún recuerdo el enfado que nos provocaba. Bastante caro era el viaje ya.
Luego están los grupos en los que hay cuatro que coaccionan al resto para dar la misma cantidad por persona. Antaño me callaba. Ahora no. Me pronuncio al respecto para que cada uno voluntariamente entregue o no la cantidad que quiera o pueda. Una cosa es preguntar más o menos cuánto piensan dar los demás para orientarme y otra cosa es sentirme obligada a participar.
Luego están las propinas en restaurantes. Hay países como Estados Unidos que te lo incluyen en la cuenta sumándolo al coste de la comanda, y es un 10%. Podían añadirlo al precio de cada plato en la carta y así sabría qué me va a costar.
Estamos estos días de viaje por Costa Rica y aquí, supongo que por recibir mucho turismo de Estados Unidos, hacen igual.
Ayer mismo para cenar elegimos una Soda (restaurantes populares) donde la cuenta, según carta, eran 25$ y la realidad fueron 30$ por la propina sumada en la cuenta. Lo curioso fue que, cuando estábamos degustando los platos, vinieron a preguntarnos qué tal estaba todo, les dijimos que muy rico y, al irnos después de pagar, nos miraban raro porque no dejábamos propina extra en la mesa. ¿No era suficiente con la que ya incluyen ellos en la cuenta? ¿Me tienen que hacer sentir mal por no dejar además una propina voluntaria? No tienen final.
Tampoco puedo dejar de hablar de esos establecimientos donde, cuando vas al aseo, hay una persona que te cobra por usarlo. ¿Es que el propietario no paga al personal de limpieza o qué? Te sientes exprimido por todas partes.
Dónde mejor nos hemos sentido, en general, por este tema es en Asia. No son obligatorias. El precio que pone en la carta es el que se cobra y, en base a eso, decido si entro o no. Y, si no dejo propina, no me miran raro. No tengo por qué sentirme mal como si me estuviera yendo sin pagar si no dejo propina.

¿CON QUIÉN VIAJAS?

De pequeña, por supuesto, viajaba en familia. Ya de adulta he seguido viajando con mis padres y actualmente con mi marido.
Todo esto conforma una manera de habituarte a hacer las cosas. Hay muchas opciones para viajar: barato, caro, en hotel, apartamento, camping…
Cuando viajábamos en familia comenzamos combinando camping en trayecto y hotel en ciudad. Era una forma de abaratar el viaje cuando no había tanto dónde elegir.
Ahora no voy de camping pero tengo suficiente con una habitación con baño que esté limpia. Y, en cuestión de equipaje, ya me pronuncié en otra entrada del blog.
Todo ello me define como viajera y me hace compatible o incompatible con otras personas a la hora de viajar. Es complicado encajar incluso con personas con las que nos llevamos bien. Es curioso que puedas tener mucha afinidad con alguien para quedar, salir a cenar, de marcha, contarte la vida, etc, y sin embargo, saber a ciencia cierta que no saldría bien compartir un viaje.
Soy consciente de lo afortunada que soy al encajar al 100% en este punto con mi marido. Es importantísimo para nosotros porque es la actividad que más nos gusta. Es más, si nos lo pudiéramos permitir a nivel económico, nuestra vida sería itinerante recorriendo el mundo.
Tampoco nos consideramos de lo más extremo, por ejemplo, a la hora de dormir en cualquier sitio, ni realizar actividades de riesgo. Seguramente somos muy normalitos. Pero sí hemos ido evolucionando con la práctica y cada vez viajamos con ropa y calzado más cómodos, calculando lo justo, nada elegante. Claro que esto nos lo ha ido dando la experiencia, siendo conscientes de que en destino hay cosas superfluas que no vas a utilizar.
Somos rápidos para ponernos en marcha por la mañana. Si estamos en un lugar cálido, el pelo lo seco al aire, no me maquillo, ni llevo un surtido de cremas. Reduzco el neceser a lo imprescindible.
Y resulta que todo ello me hace tan feliz, transportando una maleta más ligera y dedicando el día a disfrutar donde estemos.
Tampoco significa que nos castiguemos en vacaciones. Odio madrugar y lo evito siempre que puedo, aunque tampoco pierdo la mañana en la cama.
Nos gusta combinar las vistas culturales con disfrutar el ambiente y mezclarnos con la gente. No nos hace falta ver todos los monumentos y museos. Saber cómo se vive o qué se come en un lugar, tiene para nosotros más importancia que visitar un museo más. Evidentemente los importantes los vemos, pero ello no nos impide saborear el sitio donde estamos.
No sé si los que estáis leyendo esto os sentís identificados o, por el contrario, sois de los que recorréis el mundo con mochila, durmiendo en cualquier sitio o, el extremo opuesto, de los de maleta enorme con un modelito para cada día; de los que veis monumentos o de los que hacéis naturaleza. En la diversidad está el gusto.
La suerte es encontrar con quien hacerlo para disfrutar al máximo. En la vida todo es cuestión de ritmos y nosotros hemos encontrado ese nexo.
Cuándo me acelero viendo cosas, mi marido tiene la habilidad de hacerme ver que no estoy disfrutando. Es mejor parar que agotarse.
¡Disfrutad a vuestro ritmo cada viaje!

Viaje organizado vs. viaje por libre

Voy a tratar de exponer los pros y contras y por qué elijo uno u otro cuando voy a viajar.

Viaje organizado

Pros: te despreocupas. Es la agencia quien se encarga de organizarlo todo y sacarle el máximo rendimiento cuando tienes los días tasados. Tienen años de experiencia y son sabedores del tiempo necesario para conocer un lugar y cuadrar las visitas con los desplazamientos.

Habitualmente llevas un guía que te acompaña todo el viaje lo que te da seguridad. Te explica, te cuenta la historia, el arte, te informa de datos del país que visitas, te soluciona problemas que puedan surgir.

Contras: cuando un lugar te gusta mucho, sólo lo visitas, te quedas con las ganas de vivirlo y disfrutarlo, de exprimirlo. El tema de las prisas para hacer una foto, ir al servicio, disfrutar de un paisaje o una vista, o dar una vuelta de manera rápida por las tiendecillas de recuerdos son puntos negativos para mí.

Luego están las visitas “obligadas” a tiendas de alfombras o artesanía donde los guías tienen comisión si alguien del grupo compra. Se pierde un tiempo precioso en un tipo de comercio que está en todas partes. Es un peaje que se paga en casi todos los circuitos organizados.

En ocasiones puedes sentirte excesivamente atado, puede darte la sensación de que no vas a sorprenderte porque está todo organizado.

Suele ser más caro, aunque también es verdad que es más difícil que haya problemas, y los alojamientos los conocen por lo que se evitan malas sorpresas.

Te suelen llevar a restaurantes más “occidentalizados” para curarse en salud. A nosotros nos encanta descubrir la gastronomía local y preferimos ir a sitios donde podamos degustarla y mezclarnos con la gente del país.

Otra cuestión es el grupo que te toque. Si es numeroso (para mí por encima de 20 personas lo es) tienes la sensación de formar parte de un rebaño y que no escuchas bien las explicaciones. Y luego que sea majo. El grupo es un arma de doble filo: hay viajes en los que justamente esto marca la diferencia de manera positiva y, en otros, es lo que te lo arruina. Nos hemos encontrado con las dos situaciones: personas muy viajadas y que se adaptan a todo fácilmente, son puntuales, etc y, por el contrario, con otras que el viaje en cuestión era el primero y todavía no tienen el hábito de ir en grupo.

Hay un punto que reconozco que llevo mal y es el de la impuntualidad. Que se haya fijado un punto de encuentro a una hora determinada y haya personas que retrasen el horario de todos, no me gusta nada y, si además suben al autocar sin disculparse si quiera, aún me gusta menos.

Sin embargo, tener la suerte de un grupo majo, es una gozada. Es una lotería.

Viaje por libre

Pros: tú mides los tiempos. Eliges los ritmos, te los marcas tú. Si estás en un lugar que te encanta, te quedas más y, si no, continúas viaje.

Todo el tiempo vas a decidir qué quieres hacer durante el tiempo que quieras. Nadie va a estar metiéndote prisa para hacer una visita, hacer una foto, ir al servicio, realizar tus compras. Una de las cosas que nos encanta hacer a nosotros es meternos en supermercados locales a ver qué comida venden. Nos da una idea de la gastronomía en casa y de los precios que manejan, es un indicativo del nivel de vida.

Comerás donde tú decidas, te equivoques o no. Puedes encontrar sitios fabulosos como los que conoces de tu ciudad que son poco turísticos. Me encanta descubrir restaurantes así preguntando a la gente.

Puedes encontrarte con sorpresas inesperadas como un mercadillo en la calle, una población en fiestas, una feria, un grupo tocando música en la calle… Este tipo de cosas te las sueles perder viajando organizado.

El presupuesto lo ajustas tú, desde inicio y sobre la marcha por lo que, con menos dinero, puedes viajar más tiempo que con la agencia, aunque bien es cierto que de manera más modesta.

Contras: habitualmente necesitas más días y prepararlo todo tú. No cuadra todo de forma tan perfecta para visitar y viajar, sobre todo, si te desplazas en avión.

Hay más riesgo de sufrir imprevistos que además nadie te va a solucionar. Pueden amargarte el viaje, es cierto, y también te van a proporcionar las anécdotas para contar a la vuelta.

Por supuesto tienes que hablar inglés al menos con un nivel medio. Imprescindible ir con un libro-guía del país y localizar las oficinas de turismo para informarte y proporcionarte planos y mapas. Eres tú quien tiene que orientarse.

Nuestra elección

Si se puede ir en coche, desde luego, nos vamos por nuestra cuenta. Es el caso de los viajes por España. También por Europa aunque tengamos que ir en avión y luego alquilar el coche en destino. El modo de vida y la forma de conducir son como aquí.

Aparte, siempre puedes contratar una visita guiada en algún sitio que te interese, subir a un autobús de dos pisos “sightseeing” o “hop-on hop-off” con audio-guía que te enseñe la ciudad (además te permiten subir y bajar por lo que puedes escuchar las explicaciones y combinarlo con visitar por zonas la ciudad), investigar si hay free-tours donde vayas …

Sin embargo, si hablamos de viajes a otros continentes, el 70% de las veces hemos escogido viaje organizado. Principalmente porque no solemos juntar más de dos semanas y así no te dejas nada importante. China ha sido una excepción porque fueron tres.

Lo que sí miramos siempre en el programa es cuántas tardes libres vamos a tener. Así nos organizamos para hacer cosas diferentes y dejarnos sorprender por el lugar. Nos encanta salir por nuestra cuenta, desplazarnos en transporte urbano, perdernos entre la gente, las tiendecillas, los restaurantes locales, las terracitas en calles peatonales… es la forma de empaparnos del ambiente.

Eso sí, tanto yendo de una forma como de otra, hay un tema que tiene que ser denominador común: que el destino sea seguro dentro de lo razonable.

Viaje cerca, viaje lejos

Evidentemente, no es lo mismo una escapada de fin de semana o en un puente que un viaje de vacaciones de un par de semanas.

Habitualmente me he encontrado con la opinión generalizada de que es mejor conocer primero tu país y luego el resto, empezando además por lo más cercano. Por supuesto en esto influye también los medios económicos de cada uno además del conocimiento de idiomas e incluso el miedo a salir de la zona de confort, tema que abarcaré más adelante y, claro está, si uno tiene hijos o no condiciona nuestra manera de viajar y nuestro destino.

No estando en una situación que te ate, mi opinión no está totalmente de acuerdo con visitar primero nuestro país y luego el resto. Sí que es verdad que hay que conocerse y conocer el país en el que vivimos pero también es verdad que, conforme nos vamos haciendo mayores, más perezosos nos volvemos para realizar un viaje largo que implique muchas horas de avión y muchas noches durmiendo en una cama que no es la nuestra.

Mi opinión es emplear los fines de semana, puentes y semanas sueltas en movernos por nuestro entorno y, a partir de dos semanas de permiso, ampliar nuestros horizontes y realizar un viaje al extranjero. Según lo lejos que esté y lo grande que sea condicionará también nuestra elección.

Yo empecé viajando con mi familia, primero por España en viajes cortos y, cuando al fin decidimos salir, lo lógico fue Europa. Estaba lo suficientemente cerca como para ir en coche y, como la forma de vida es muy similar a la nuestra, no suponía un gran esfuerzo buscar alojamiento, comer o visitar monumentos.

Ya de adulta y teniendo mi propio trabajo y salario, aparte de ahorrar pensando en el futuro, mi mayor ilusión es apartar dinero cada mes pensando en el viaje de cada año. Soñar con un nuevo destino, informarme sobre ese país, documentarse también en televisión viendo programas de personas que lo han visitado o viven allí. Reconozco que es como una droga, me parece el dinero mejor invertido del año porque lo invierto en mí. Vuelvo nueva de cada viaje, lo disfruto y lo exprimo. Pensar en ello me hace saborearlo antes, durante y después. Claro que las fotografías ayudan a ello también. Me gusta hacer mis álbumes digitales y escribo al lado de las fotos la información del sitio, incluso el nombre del alojamiento o del restaurante si me ha gustado, por si lo necesito si repito destino, o lo tengo que aconsejar a alguien que vaya a ir.