La isla bonita: La Palma

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Y desde luego lo es. Si hay un paraíso verde dentro del paraíso de las Islas Canarias, sin lugar a dudas es este. Sólo teníamos cuatro días para recorrerla y, nada más aterrizar y conducir el coche de alquiler en dirección al alojamiento, ya nos dimos cuenta que nos iba a saber a poco. Nuestra primera impresión fué el enorme parecido que tiene con Costa Rica, sobre todo el interior tan verde.

Cuando preparamos el viaje nos estuvimos informando del mejor lugar para alojarse. Casi todas las opiniones se dividían entre el este, cerca de la capital Santa Cruz, y el oeste, en la zona de Puerto Naos. Nos decantamos por esta última opción y no nos equivocamos. Tuvimos la suerte de encontrar un alojamiento con estupendas terrazas a la playa y aún me imagino allí cuando cierro los ojos.

El primer día en cada lugar donde vamos nos dedicamos a situarnos y no empezamos a hacer excursiones desde el minuto uno. Así que nos instalamos, dimos una vuelta, comimos calamares y papas arrugadas en un restaurante con una preciosa terraza encima de las olas, disfrutamos de la playa y su puesta de sol y descansamos.

Al día siguiente fuimos en dirección al Roque de los Muchachos en el centro de la isla. Hicimos una breve parada en el Mirador del Times y continuamos hasta el observatorio astronómico y sus enormes telescopios. La Palma reúne las mejores condiciones para observar el universo.

Además desde aquí se puede hacer la ruta de los Tres Miradores puesto que estamos en la zona más alta de la isla y al borde de la Caldera de Taburiente, una enorme caldera volcánica de 1.500 metros de profundidad que, cuando está repleta de nubes, simula una caldera hirviendo. Hay más excursiones para recorrerla y disfrutar de sus miradores desde otros puntos de la isla pero sin duda el Roque de los Muchachos ofrece las vistas desde su punto más alto: 2.426m.

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A la altura de Garafía hicimos una visita a los petroglifos de La Zarza – La Zarzita en medio de un frondoso bosque donde hicimos una pequeña ruta circular.

Continuamos para comer en Puerto Espíndola y disfrutar de su playa y muelle deportivo. Al sur se encuentran las piscinas naturales de Charco Azul, un entorno inolvidable de aguas transparentes que además cuenta con zona de aparcamiento, kiosko y baños.

El día no acompañaba para ello por lo que seguimos viaje hacia la Cascada de los Tilos, aparcamos el coche en el Centro de Visitantes y recorrimos unos metros hasta la cascada. Impresiona su belleza pero sobre todo sus helechos gigantes. Aquí se puede apreciar la Laurisilva Canaria (bosque subtropical húmedo) en todo su esplendor. Desde allí se pueden hacer más rutas caminando pero nosotros no disponíamos del tiempo suficiente. Una de ellas es la del Mirador de las Barandas con una fuerte subida. También nos queda en “pendientes” el Sendero Cubo de la Galga.

Al día siguiente pusimos rumbo al sur, a Fuencaliente.

Aparcamos en el Centro de Visitantes Volcán de San Antonio para recorrer el borde del Volcán San Antonio desde donde se pueden ver los volcanes San Juan y Teneguía. Hago un inciso aquí porque también queríamos recorrer el Volcán Teneguía y, por las malas indicaciones de la persona que nos atendió en el Centro de Visitantes que nos envió a otro sitio, perdimos el tiempo buscando donde no era. Y eso que nos lo indicó sobre un mapa señalándonos donde teníamos que dejar el coche e iniciar el camino. Conclusión: que hicimos otra ruta y luego ya no quedaba tiempo para la que queríamos, que además está más que recomendada. Una pena.

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Teníamos mesa reservada en el restaurante El Jardín de la Sal así que fuimos directos a aparcar al Faro de Fuencaliente y hacer unas fotos. Desde aquí se veía perfectamente el Teide porque el día estaba despejado. Dimos una vuelta por las salinas y entramos a degustar una deliciosa comida y, entre otras cosas, probamos unas gambas a la sal servidas en una teja. Sin duda para volver.

Por la tarde nos dirigimos a la Playa Echentive, es una playa reciente ya que surgió en 1971 tras la erupción del Volcán Teneguía. Tiene unas charcas naturales de aguas cristalinas y termales que son de una extraordinaria belleza. Es el paraíso, nunca habíamos estado en un sitio igual, una joya escondida.

Siguiendo con nuestro afán de exprimir la isla, al día siguiente realizamos la visita a la ecofinca Platanológico en el mismo Puerto Naos y descubrir cómo se cultiva el plátano de Canarias de una manera natural. Es una visita de aproximadamente hora y media e incluye degustación. El guía, un entusiasta de su trabajo, nos dió todo tipo de explicaciones y casi salimos de allí siendo unos expertos. Merece mucho la pena, aquí te demuestran que la economía circular es posible, todo se aprovecha.

Como habíamos reservado hora en el parking del Centro de Visitantes para hacer la ruta de La Cumbrecita, salimos rápidos para que no se nos pasara. Esta ruta es circular, de 3,4km, y caminas por un sendero con miradores dentro de la Caldera de Taburiente, una maravilla. El día estaba despejado pero tenía las típicas nubes de La Palma a mitad de altura que parece que estén colgadas de unos hilos.

Antes de volver de nuevo a la carretera de vuelta a Puerto Naos, hicimos una parada en el Centro de Visitantes de La Caldera de Taburiente. Seguramente tendríamos que haber venido aquí el primer día porque es donde te haces una idea global de lo que es esta isla. Visitas el centro donde hay una maqueta en la que se aprecia perfectamente la dimensión de la Caldera de Taburiente y la situación de los volcanes. Se puede ver un pequeño documental sobre la formación de la isla y además es un buen sitio para recopilar información actualizada de los senderos.

Era nuestro último día así que estiramos el día viendo un espectacular atardecer en la playa.

Al día siguiente, aprovechamos la mañana recorriendo Santa Cruz de La Palma, la capital. Una ciudad colonial con unas preciosas casitas de madera de colores con sus balcones llenos de flores. Las calles están empedradas y tiene un aire marinero. Caminamos por la calle Real, la Plaza de España y nos tomamos algo en una terracita para disfrutar de su ambiente bullicioso antes de tomar el avión que nos llevaría de vuelta a casa.

¿Sensaciones? Todas pero una tristeza enorme de ser sabedores que no fué suficiente y prometemos volver. No cometáis el mismo error que nosotros y emplead al menos una semana para disfrutar de esta ISLA BONITA.

2 comentarios

  1. Una vez leído , apetece conocer la isla ; parece una belleza no habitual de las tierras españolas. Por otra parte , la cocina canaria- sin duda distinta- es un motivo más para acudir a esa maravilla.

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