Bolivia tiene alrededor de 12 millones y medio de habitantes y no tiene salida al mar. Su capital es Sucre aunque su capital administrativa es La Paz, la capital más alta del mundo con 3.650 metros sobre el nivel del mar.
Fue el segundo país de nuestra vuelta al mundo. Los precios que indicamos en esta entrada son de marzo de 2025, fecha de nuestro viaje.
Entrada en autobús desde Chile
Entramos a Bolivia por el sur en autobús desde Calama, Chile. Allí compramos los boletos en persona con la compañía Cruz del Norte (Calama – Uyuni), costaron 25€ por persona y fueron 7 horas de viaje.
En la frontera tuvimos que bajar todo el equipaje para escanearlo y sellar el pasaporte. Nos preguntaron cuánto tiempo íbamos a estar, les dijimos que viajábamos sobre la marcha y saldríamos en autobús hacia Perú. No nos pusieron pegas y nos informaron de que podíamos estar un máximo de 90 días.


Dinero
Hay pocos lugares en Bolivia que acepten el pago con tarjeta por lo que hay que conseguir efectivo desde el primer momento.
Mejor opción: cambiar euros a bolivianos. ¿Por qué? porque te dan el doble de lo que obtienes en un banco o cajero. Cuando estuvimos, 1 euro equivalía a 7,50 bolivianos. Cambiando en la calle llegaron a darnos casi 16 bolivianos por euro.
Uyuni
Uyuni tiene algo más de 35.000 habitantes y está a 3.650 metros sobre el nivel del mar.
Al llegar y, después de comprar una tarjeta SIM de Bolivia (12,60€ para un mes), fuimos directos al Hostal Cagnapa Restobar. Lo recomendamos porque está muy bien situado, a 5 mn de la estación y a 5 mn del centro. La habitación y el baño son grandes y hay espacio suficiente para guardar las cosas. Aquí estuvimos tres noches que nos costaron 113€ sin desayuno; caro para ser Bolivia pero es un pueblo turístico. En los alrededores hay restaurantes pero no hay que descuidarse con la hora porque cenan pronto.
Salar de Uyuni
Buscamos opciones y finalmente contratamos la excursión para el día siguiente con Nuevo Mundo Likanantai Tour operator. Precio: 200 bolivianos por persona, aproximadamente 25€, incluye comida y proporcionan botas de agua para caminar por el salar. Nos avisaron de que la entrada hay que pagarla aparte y son 15 bolivianos, 2€, que por cierto finamente no hubo que pagarlos porque es para una parte del salar que se visita en la época seca, la Isla Incahuasi, donde hay una serie de esculturas de sal. No fue nuestro caso porque en marzo y abril es cuando tiene más agua y no se puede acceder a la isla.
Nos dijeron que llevásemos efectivo porque se visita Colchani, un pueblo que se dedica a la venta de artesanía, y en Bolivia casi nada se puede pagar con tarjeta.




La primera parada de la excursión es en el cementerio ferroviario de Uyuni que es el más grande del mundo. Hay un buen número de trenes abandonados en la ciudad del Salar. Todas las excursiones empiezan aquí y se nota por la gran cantidad de gente que había. Incluso vimos una chica con un vestido rosa vaporoso probablemente en la celebración de sus 15 años (algo habitual en Sudamérica). En algún vagón han colgado un columpio y todo el mundo estaba haciéndose fotos allí. Al otro lado del aparcamiento encontraréis una serie de esculturas de robots de hierro, tipo Transformers.
La segunda parada es en Colchani, un pueblecito de 2.000 habitantes situado estratégicamente en la puerta del Salar y por ello muchos de sus habitantes se dedican a las artesanías y venta de las mismas. Otros muchos de ellos se dedican a la granja de sal y a extraerla en bloques. La bandera de cuadros de colores que veréis allí es la de la unión de las comunidades andinas. Por lo demás, el pueblo no tiene ningún atractivo.
Finalmente llegamos al Salar de Uyuni, el mayor salar del mundo con 10.000 km2 y a 3.650 metros de altitud. Hasta 140 metros de profundidad sigue habiendo sal y también arcillas y otros materiales. Bajo la corteza de sal del salar fluyen ríos de agua dulce y salada que llevan consigo aire que sale a través de los «ojos» del salar formando pequeños lagos a través de los cuales brotan burbujas que suben a la superficie.
Después nos llevaron a la Plaza de las Banderas donde se encuentra el Hotel de Sal donde comen todos los visitantes en un comedor común de ladrillos de sal. Fue construido en 1980 pero, cuando las lluvias todavía eran más abundantes, se deshacía y dejaron de usarlo como hotel, por ello lo habilitaron como un gran comedor circular con mesas y taburetes donde cada compañía de excursiones lleva la comida en neveras y se disfruta del almuerzo. En este punto también se encuentra el monumento al Dakar, de 2014, que se corrió en estas tierras en algunas de sus ediciones. Es una escultura de sal del artista Nicodemo Chambi quien con su equipo siguen realizando obras en sal, como una pirámide de Egipto, la mano de Dios, una réplica del reloj de Uyuni, etc. Están expuestas en la isla Incahuasi del Salar donde solo se accede en la época seca. Como fuimos en la época húmeda, a cambio disfrutamos del llamado «efecto espejo» que puede observarse entre los meses de marzo y abril cuando hay más acumulación de agua. Es un efecto espectacular porque el cielo y las nubes se reflejan en el agua de la superficie del salar y genera la ilusión de estar caminando sobre el cielo. Aquí el guía venía preparado para hacernos las típicas fotos y vídeos de montaje jugando con el horizonte del Salar.
La puesta de sol reflejada en el agua fue especialmente espectacular y conmovedora. Para la ocasión, el guía traía un picoteo de patatas fritas, pasas, maíz tostado, etc, y abrió una botella de vino para brindar. El broche de oro a un día lleno de emociones. Sin duda el salar es la joya de Bolivia. Tanto nos gustó el salar que, de recuerdo de Uyuni compramos un imán de un mini botecito de sal.


Día de mercadillo
Después del día de ajetreo por el salar, nos sentó muy bien disponer de un día extra en Uyuni para disfrutarlo y descansar. Lo primero que hicimos fue ir a la estación de autobuses a comprar los billetes de bus para ir al día siguiente a Potosí.
Luego fuimos al cajero que está de camino a la Torre del Reloj, en la acera de la izquierda, a sacar dinero. No quieren que les pagues con tarjeta y, si lo haces, te cobran un 10% más para compensar la comisión que les cobra a ellos el banco. En estos momentos del viaje todavía no sabíamos que, cambiando efectivo en la calle, te daban el doble de bolivianos por euro.
Los jueves es día de mercadillo en la localidad y es bastante extenso. Hay muchos tenderetes de ropa, calzado, música, comida, etc. Además, está en funcionamiento durante todo el día; cuando salimos por la tarde, seguían allí. Nos tomamos un riquísimo zumo de azúcar de caña.
¿Qué nos llamó más la atención? Primero, que los toldos están muy bajos y es debido a la altura de sus habitantes, nosotros sacábamos la cabeza por encima de ellos y teníamos que agacharnos para entrar; la ropa que venden de mujer son las faldas, refajos, toquillas y jerséis de las mujeres quechua; son de colores y llevan medias con sandalias que también se venden en los puestos y, por supuesto, los adornos que se ponen en las trenzas en su parte final. Casi todo el mundo llevaba sombrero para el sol, incluidos los niños, no gorras como es más habitual en Europa. También nos llamó la atención los audio-anuncios de reclamo que tienen grabados y se oyen en bucle mientras lo recorres.
En Uyuni vimos muchas jugueterías de juguetes como los que teníamos nosotros en los 70-80, nada moderno como tienen ahora los niños del primer mundo. Como ejemplo, tenían las bolsas de plástico de indios y vaqueros con los que tanto recuerdo haber jugado con mis hermanos. No vimos a ningún niño con un móvil o con una tableta, de hecho, se veía a pocos adultos con smartphone.
Comimos en un restaurante local donde éramos los únicos extranjeros. Un menú por 15 bolivianos (1,90€), pedimos dos refrescos y en total pagamos 36 bolivianos de los dos: 4,60€. De postre nos sirvieron un zumo de membrillo. Nos dijeron que lo cortan, lo dejan secar y, después, cuecen agua y echan estas rodajas de membrillo con canela. Estaba rico, suave y no sabía a canela.
Desayunar nos había costado más y es porque el café allí no es barato y la leche la venden en polvo, ellos no toman leche líquida y, en las tiendas, la vendían en bolsas refrigeradas. Por la tarde fuimos a una pastelería a tomar un matecito (infusión), como dicen allá, y una porción de tarta. El sitio era coqueto y estaba lleno de extranjeros, claro, los precios no eran los habituales de Bolivia y resulta que lo regenta un chico de Valencia. Trabajaba para una empresa española que lo destinó aquí y se enamoró de la tranquilidad del lugar, el vivir sin prisa y terminó quedándose, se casó y tiene un hijo. Decidió dejar la empresa y establecerse como autónomo ya que allí dan facilidades para ello, solo tiene que pagar 280 bolivianos (35,70€) de impuestos cada dos meses y lo que gane es para él, nos dijo que obtiene unos 2.000€ al mes que en Bolivia es una fortuna.
Autobús a Potosí
Precio de los billetes: 35 bolivianos por persona (4,45€). Salimos de Uyuni a las 10h y llegamos a Potosí a las 14h. Nos habían dicho que los asientos eran semicama y no fue así de hecho los asientos eran más bien estrechos. En las estaciones de Bolivia hay que pagar lo que llaman “la tasa de uso de la terminal”. No está incluida en el precio del billete porque en las estaciones cada empresa vende sus tickets y, si quieres tener derecho a salir en autobús de allí, lo tienes que pagar. Son solo unos céntimos pero veréis el puesto de pago de esa tasa en todas las estaciones.
Y luego empieza lo pintoresco del viaje. Hay vendedores ambulantes que se suben en el autobús tanto antes de salir como en las paradas y te ofrecen comida hecha por ellos y bebida. También es curioso que, aunque el autobús no salga lleno de la estación, la gente lo va parando por la carretera, se sientan en el asfalto y le hacen una señal cuando lo ven venir.
Potosí
Tiene casi 900.000 habitantes y está a 4.090 metros sobre el nivel del mar. Aquí sí notamos el mal de altura en todo su esplendor y lo combatimos con infusiones y caramelos de coca y de muña. Son naturales, no estamos hablando de la droga que lleva un proceso químico.


Transporte urbano
Una vez en allí, salimos de la estación y pillar un taxi fue una odisea (allí no hay Uber o similar). Resulta que esta ciudad tiene mucha diferencia de altura entre el centro, en la parte alta, y la zona baja donde está la terminal de autobuses. En cuanto les decíamos la calle de destino, sin mediar palabra, arrancaban y se iban. Nos mirábamos con cara de tontos pensando ¿qué pasa? Escribí al dueño en el chat de Airbnb y nos lo aclaró. Cuando por fin conseguimos que uno nos dijera que sí y nos llevase, entendimos el tema, iba en primera y parecía que el coche se iba a quemar. Las cuestas son muy pronunciadas y los coches suelen ser muy viejos.
Para moverse por la ciudad, hay colectivos (minibuses) por 2 bolivianos pero es complicado conocer las rutas. No hay mapas impresos y en Google Maps no está esa información. Cuando ves uno, tienes que fijarte en el cristal delantero donde un cartel indica los lugares importantes por los que va a pasar. Pero, si estás en un lugar de la ciudad y quieres ir a otro, no sabes dónde acudir para tomar uno. Hay que ir preguntando a la gente, menos mal que el idioma no supone una barrera.
Alojamiento
Estuvimos tres noches en Potosí que nos costaron 75,26€. Elegimos Airbnb por tener la libertad de desayunar y cenar a nuestro aire y solo hacer fuera la comida. Teníamos lavadora y, como estaba en la parte alta, teníamos vistas hacia el Cerro Rico. El anfitrión nos indicó un supermercado «a dos cuadras, no más» pero claro, no contábamos con estas cuestas, a la vuelta cargados con la compra, nuestros pulmones no daban de sí para respirar a esa altitud: 4.090 metros. A partir de aquí las infusiones de mate de coca fueron habituales. Es la única manera de soportar un poquito el mal de altura y el frío.
Visita al médico
Al día siguiente me levanté regular, una mezcla del mal de altura y dolor de garganta por los esfuerzos al respirar y la contaminación de los tubos de escape de los vehículos que están muy viejos y a saber cada cuánto cambian el aceite. Menos mal que siempre viajamos con seguro médico y enseguida se puso en contacto con nosotros el corresponsal en Bolivia. Me indicaron el centro de salud al que tenía que acudir, me pusieron una inyección de corticoides y me recetaron paracetamol y pastillas para la garganta.
Por cierto, nos llamaron la atención los carteles que había animando a los hombres a hacerse la vasectomía destacando las virtudes de la misma y por el módico precio de unos 15€. Intuimos que quieren controlar la natalidad.
No viajéis sin seguro, en momentos así, cuando no te encuentras bien, agradeces tener alguien al otro lado dándote solución y en tu idioma.
Centro de la ciudad
Habíamos reservado un tour que tuvimos que aplazar por mi salud pero, una vez me encontré mejor, salimos a hacer un breve recorrido por el centro de la ciudad. Pasamos por el patio de la Casa Municipal de Cultura donde estaba tocando una banda de música de chicos jóvenes con instrumentos como un xilófono doble. Como era Semana Santa, supusimos que estaban practicando para las procesiones, pues allí también las hay.
Llegamos a la Plaza 6 de Agosto y al Obelisco de Potosí. Es preciosa con esos arcos blancos que la decoran y el Obelisco en medio. A la derecha se encuentra el Teatro «Modesto Omiste», de estilo básico mestizo, es un importante espacio cultural que promueve las artes escénicas y la música en el país.




Justo debajo de la Plaza 6 de Agosto está la Plaza principal 10 de Noviembre con una estatua de la libertad en el medio. Al frente tiene el Ayuntamiento, de color blanco con las banderas. En el lateral derecho, la Casa de la Moneda, también de color blanco y la bandera con los símbolos de Castilla y León (reinos de los Reyes Católicos). En su día fue el establecimiento más importante de toda América Latina donde se fabricaba y acuñaba moneda. Actualmente sigue albergando y gestionando el patrimonio de las monedas de plata acuñadas aquí derivado de la actividad minera de la ciudad. A la derecha de la plaza, se sitúa Nuestra Señora Basílica Catedral Santiago Apóstol de Potosí. Tiene la fachada de piedra y es de estilo barroco con influencia neoclásica, es del siglo XIX y se construyó sobre las ruinas de una iglesia anterior. Ese día estaba cerrada por Semana Santa, solo la abrían para actos de vigilia.
Seguimos bajando por las calles comerciales, con mucho tráfico, hasta llegar al Mercado Central. Nos gustó la arquitectura del edificio y por dentro sorprende la estrechez de sus pasillos.
Llegamos hasta la Plaza colonial San Bernardo que fue un antiguo cementerio, ahora hay puestecitos donde venden helados y dulces y la gente se sienta a tomarlos mientras charla sentada en los bancos. Aquel día había un grupo de jóvenes bailando una danza regional. De camino a la siguiente visita, vimos algo que esperábamos ver en La Paz pero no aquí: fetos de llama disecados, conocidos como «sullus«, son utilizados como ofrendas a la Pachamama (Madre Tierra) en rituales ancestrales andinos como ofrendas de agradecimiento y peticiones de salud.
Museo de Santa Teresa
Visita imprescindible en Potosí. Precio de la entrada en 2025: 3,15€.
El Museo de Santa Teresa es un antiguo convento que recibe el nombre por Santa Teresa de Ávila. Este convento y otros muchos se construían gracias a las generosas donaciones de familias acaudaladas para las que era un honor entregar a la vida religiosa y de clausura a su segunda hija. A esta niña la criaban desde el nacimiento dirigiendo sus pasos hacia este futuro que comenzaba en serio a la edad de 15 años. La entregaban al convento y esta niña no volvía a verlos nunca más porque, aunque podían visitarla, era con una separación física de doble ventana con verjas y una tela muy gruesa que impedía el contacto visual, así que solo podían hablar. La familia podía llevarle pequeños regalos que nunca eran para ella sola, se tenían que compartir entre las 21 novicias o monjas que vivían allí. Estas familias eran muy poderosas y tenían que entregar una dote de 2.000 monedas de oro por la hija que dejaban, lo que hoy en día serían 100.000 dólares. Estas niñas provenientes de familias bien, que habían pagado ese dineral, llevaban el velo negro. Había otras novicias con el velo blanco que, como sus familias no podían pagar esa dote, hacían de dama de compañía de las otras mientras reunían el dinero suficiente para tener derecho a esta vida. Quiere decirse que realmente era un honor estar ahí dedicando su vida a Dios, al silencio, al retiro, a la oración, a coser las casullas de los sacerdotes, cocinar hierbas para hacer medicinas, bordar telas, etc. Tenían voto de silencio, de obediencia, de pobreza y, como eran Carmelitas descalzas, iban sin calzado. Y, aun así, se sentían afortunadas porque allí tenían acceso a la cultura, podían leer y escribir y no estaban supeditadas a las rígidas normas que había para las mujeres de esa época. Por si esto fuera poco, aún había un tercer escalafón más bajo: las indígenas que querían entrar en el convento, solo podían hacerlo dedicándose a las tareas de limpieza.
Entre las estancias que nos llamaron la atención:
- El cementerio: es un lugar cerrado con el suelo lleno de puertas de madera en horizontal. Se abrían y abajo estaba la tumba. Nunca había visto nada igual.
- La sala de las flagelaciones que se auto infligían. Preguntamos a la guía y nos dijo que esos castigos no eran ordenados por la superiora, eran ellas mismas las que se clavaban esa especie de cinturones de pinchos en los muslos y los cilicios como una forma de penitencia para alcanzar la pureza y cercanía a Dios, era una manera de revivir la tortura de Jesús en su camino hasta la cruz. En la foto se ve una especie de camiseta interior de pinchos que había allí. Un horror, nos pareció una sala de las torturas.
- El convento está dedicado a Santa Teresa de Jesús y por ello había muchas pinturas y esculturas dedicadas a ella y también a San Juan de la Cruz. Había cuadros de familias españolas que dieron dinero para la construcción de conventos y la entrega de su segunda hija. Se visitan las celdas, la cocina, la despensa, el refectorio, el torno, dos claustros (uno de oración y otro como huerto), el cementerio, la Iglesia y la sala donde «se reunían» con sus familias. Hay una escultura de la Virgen del Carmen, patrona de los militares, vestida con el uniforme.
El Concilio Vaticano II fue más permisivo y poco a poco estas normas fueron volviéndose más laxas. Ya podían verse con sus familias e incluso podían salir al exterior de cuando en cuando. Pero al principio no, generaciones de monjas estuvieron allí desde los 15 años hasta su muerte. Tanto la historia como el lugar no dejan indiferente a nadie.
Free tour por Potosí
El tour lo contratamos con Civitatis y fue todo un acierto. Comenzamos la ruta en el patio de la Casa de la Moneda presidido por Baco, dios del vino. Aunque no entramos en el museo, el guía nos indicó que merece la pena, en el ranking mundial está entre los 20 más aconsejados. En Potosí se empezó a acuñar moneda a raíz del descubrimiento de las minas de plata. Hasta entonces funcionaban con trueques. La piedra de las paredes es de allí pero hay muchos materiales traídos de fuera. El arquitecto fue un español de renombre al que este proyecto le pilló mayor pero, cuando le dijeron lo que le pagarían, no se lo pensó y cruzó el Atlántico para su ejecución.
Iglesia de Santiago Apóstol. Entramos durante la celebración de la misa porque el resto del día iba a estar cerrada. Nos sorprendió lo blanca que es por dentro. También visitamos la Iglesia de San Francisco de Asís.
Panificadora de las salteñas (empanadas) más famosas de aquí: Aragón. Provienen de una familia española que lleva cuatro generaciones haciéndolas con la receta original con una capa de piel del ají. Se puede ver el horno donde siguen haciendo 800 unidades al día. Justo al lado, se encuentra el hostel Eucaliptus Potosí con un curioso ascensor de comida hasta la azotea donde hay un mirador. Merece la pena comprar unas empanadas y subir a degustarlas con una bebida local de malta sin alcohol que podéis comprar allí.
Iglesia de Nuestra Señora de la Merced: llama la atención por tener el campanario a un lado de un llamativo color caldero. Las figuras de la portada fueron robadas porque tenían adornos en oro y plata.
Iglesia de San Lorenzo: con un pórtico presidido por el Arcángel San Miguel. Es de estilo barroco mestizo y tiene detalles indígenas como soles y lunas en su fachada. También está representada la Pachamama, diosa de la madre Tierra y la fertilidad, por dos mujeres y dos sirenas. Las columnas tienen vides rodeándolas, símbolo de la abundancia de aquella época en Potosí. Desde luego, el pórtico colonial más bonito de los que vimos en la ciudad pues no le falta detalle. Esta visita finaliza en el Mercado Central, que ya habíamos visto por nuestra cuenta, pero esta vez recorrimos la zona de restaurantes aunque había pocos locales abiertos, suponemos que por ser Domingo de Resurrección.
Cerro Rico
Con 4.782 metros de altura, es el cerro más famoso de Bolivia pues en él se encuentran las Minas de Plata. Este cerro aparece en el escudo de la bandera del país. Llegamos hasta allí en un colectivo (minibuses) por 2 bolivianos cada uno. No pensábamos hacer ninguno de los tours que se adentran en las galerías porque tengo mucha claustrofobia y los túneles son muy bajos porque se hicieron para personas de una altura de 150 cms. Era domingo y había poca actividad. Vimos las bocas de entrada, las vagonetas y el mineral brillante que hay fuera aunque no supimos si era plata o pirita.
Las minas se organizan en cooperativas. Trabajan de lunes a sábado e incluso hacen guardias de 24 horas para vigilar los robos de sacos de plata. No obstante, la que se extrae en la actualidad no tiene la misma calidad que la de hace 480 años, de hecho, si os fijáis en las joyerías, veréis que esta plata es más oscura que la que conocemos, por ello hoy en día se emplea como componente para móviles, no para joyas. El Cerro Rico produjo aproximadamente el 60 % de toda la plata extraída en el mundo durante la segunda mitad del siglo XVI. Ello dio origen a una expresión española que aparece en El Quijote, aún vigente: «valer un Potosí», que significa «ser de gran valor».




Trabajan en ellas unos 8.000 mineros. La gente no quiere trabajar allí pero a veces, a nivel económico, no tienen otra alternativa. Una persona que trabaje en la ciudad cobra alrededor de 2.500 bolivianos (350€) y en la mina cuatro veces más: unos 1.400€. Como no les piden estudios ni experiencia previa, muchos jóvenes empiezan su vida laboral allí, luego lo dejan y montan un negocio en la ciudad. La esperanza de vida estaba en los 45 años pero, con la mejora de la alimentación y las protecciones que utilizan, se ha incrementado. Aun así, las condiciones laborales no son buenas, los mineros se arriesgan cada día y ha habido muchos accidentes, explosiones y derrumbes, cosa nada extraña dada la cantidad de galerías que hay y que convierten el cerro en un gran queso Gruyere. Además, desarrollan enfermedades pulmonares como la silicosis. A ello se suman los daños medioambientales porque a veces se ha roto el dique de colas (estructura donde se depositan los residuos mineros) y ello provoca la contaminación de las aguas de los ríos. O sea, que la misma plata que da riqueza a la región, le provoca graves daños ambientales y humanos. Leímos que pedían el cierre de las minas para 2026 pero el guía nos dijo que eso es imposible porque económicamente a la ciudad le interesa mantenerlas.
Autobús a Sucre
Al igual que fue complicado encontrar taxi al llegar a Potosí para ir al apartamento, nos ocurrió el día de salida. Tenedlo en cuenta para ir con tiempo. Después de un rato de estrés porque todos nos rechazaban el viaje, no estábamos para regatear el precio, al primero que dijo que nos llevaba, le dijimos que sí.
En Bolivia nos dimos cuenta de que no hace falta ir a comprar los billetes de autobús anticipadamente. Una vez en la estación, hay varias empresas que hacen los mismos trayectos y tienes que ir preguntando en cada una a qué hora sale. El precio era el mismo en todas: 3,15€ por persona. Había un autobús que salía en 10 minutos y en ese nos montamos. Se suponía que el trayecto eran unas 2 horas. Salimos de la estación con cinco pasajeros y después empezó a parar en la ciudad hasta que se llenó. Y de repente nos dijeron que teníamos que pagar un extra porque el día anterior había llovido mucho, la carretera estaba cortada y había que tomar un desvío por lo que iban a ser 4:30h de viaje. Y así fue, el autocar tomó ese desvío pero era un camino de cabras montaña arriba, montaña abajo, cruzándonos con camiones, con otros autobuses, con coches. Ese viaje es el peor que recuerdo de mi vida en un autobús. Y, de cuando en cuando, los hombres hacían parar al chófer para bajar a hacer pis. Tardamos 5 horas en llegar a Sucre. Menos mal que llevábamos un par de bocatas con la comida que nos había sobrado porque no hizo ninguna parada técnica.
Sucre
Aunque mucha gente no lo sabe, Sucre es la capital constitucional de Bolivia mientras que La Paz es la capital administrativa. Es conocida como la ciudad blanca porque su centro es de ese color. Está a 2.800 metros de altura y tiene algo más de un millón de habitantes. Es fácil moverse en los colectivos que cuestan 2 bolivianos por persona.
En Sucre nos alojamos tres noches y de nuevo elegimos hacerlo en apartamento, en la Av del Maestro desde donde nos movíamos en los micro o colectivos. Allí nos salió muy barato, en total: 46,95€.
Todos los días, en frente de nuestro apartamento, había una protesta pacífica de los indígenas bolivianos que reivindicaban más representación en el gobierno y autonomía en sus territorios.


El lugar más animado de la ciudad es el Mercado Central, allí se encuentran muchas casas de cambio y dan buen precio por los euros. En el piso de arriba está el patio de comidas donde comimos varias veces, bien y barato (menos de 3€ los dos). En el piso de abajo, os aconsejamos probar los jugos que preparan sobre la marcha.
La Plaza 25 de mayo es el corazón de la ciudad. En el centro está la estatua del que fuera primer ministro Sucre a quien debe el nombre la ciudad.
En esta plaza está la oficina de turismo. No sabemos si recomendarla porque no les quedaban planos ni tenían información de los colectivos. Le preguntamos qué ver y titubeaba, también cuando le preguntamos por algún museo. Es de esas situaciones que no sabes si reír o llorar.
El edificio blanco de la plaza, donde se leía los 200 años de la independencia, es el Palacio del Gobierno Nacional.


Escudo de la bandera de Bolivia: en él encontraréis el Cerro Rico de Potosí, una llama y la flor de patujú proveniente de la zona del Amazonas.
La Catedral Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe: tiene horario para visitarla que podéis ver en Google Maps.
El Grand Hotel tiene un patio precioso, merece la pena entrar a echar un ojo.
En Sucre es famoso el chocolate, nosotros probamos los de “Taboada” y “El Ceibo” pero también encontraréis los de ”Chocolates para ti” y “Bomcor”. Os aconsejamos comprarlos en sus propias tiendas que son más baratos que en los supermercados.
Parque Bolívar: hay una Torre Eiffel a la que se puede subir y, aunque no es muy alta, se puede ver la ciudad desde arriba.
Casa de la Libertad
Os recomendamos hacer esta visita guiada porque aquí se cuenta la historia del país. En 2025 se celebraba el bicentenario de la República de Bolivia. Simón Bolívar lideró la independencia de varios países latinoamericanos y aceptó el reconocimiento de Bolivia como república hace 200 años, por ello llamaron al país como él, porque durante unos pocos meses se llamó Bolívar. La Casa de la Libertad es donde se firmó el Acta de la Independencia de Bolivia el 13 de agosto de 1825. Lo firmaron 48 personas, entre ellas 30 abogados. En este edificio se redactó la primera constitución de Bolivia y aquí están los retratos en cuadros al óleo de todos los presidentes de la nación.






Este edificio fue la Sede de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca. Carlos III, rey español, echó de aquí a todos los jesuitas porque consideró que tenían demasiado poder. Nos llamó la atención una de las pinturas porque ella, Manuela del Risco y Agorreta de Segovia, es en quien se fijaron las mujeres cholitas y llevan la falda como ella. Nos pareció curioso conocer el origen de esta prenda. La escultura del patio, de 2015, es Apiaguaiki Tumpa, un líder guaraní, cuyas flechas tenían que ser más largas que su estatura.
Cementerio
Hicimos esta visita por recomendación de un taxista. Cierto es que estos sitios también muestran usos y costumbres de cada lugar. Nos sorprendió ver muchos apellidos vascos en las lápidas. Hablamos con un empleado y nos dijo que allí están enterados muchos expresidentes, cantantes e incluso una señora cuyo marido la maltrataba y ella lo descuartizó. Aun así, ella siguió queriéndolo y la gente acude a esa tumba porque dice que emana mucho amor. Nos llamó la atención que las filas de nichos de párvulos tienen su propio espacio. En general en todo el cementerio, los nichos estaban muy decorados, incluso tienen vitrinas y mensajes. En uno de ellos vimos hasta una lata de cerveza. Hay un panteón que recrea la cueva de la Virgen de Lourdes. En otro vimos el apellido Meseguer, proveniente de Alcañiz (Teruel). El monumento del fondo es el recordatorio de los 123 años de la Masacre de Ayo Ayo y Cosmini; hecho ocurrido un 24 de enero de 1899.
Free tour por Sucre
Nos gusta hacer un tour al llegar a cada lugar pero nos llovió mucho todos los días y lo hicimos al final. Nuestro guía Lucas era argentino y nos llevó por los siguientes lugares sin entrar a los mismos: Plaza Cochabamba, Iglesia San Felipe de Neri, Calle de los bares, Plaza 25 De mayo, Catedral Metropolitana Gobernación, Casa de la Libertad, que visitamos por nuestra cuenta. Museo del Tesoro, donde nos mostró la piedra típica de Bolivia: las bolivianitas, de color malva y amarillo. Probamos los chocolates Taboada, entre ellos, la tableta de chocolate con sal de Uyuni. Museo de etnografía y folklore (MUSEF), que tiene un patio de colores con fuente y geranios.
Museo Convento Santa Teresa: aquí el guía pidió una bolsa de recortes de hostias a través del torno de las monjas. El callejón del lateral se puede recorrer de 16 en 16 pasos y se van encontrando cruces en el suelo hechas con huesos de vaca. Parece ser que las monjas enterraban aquí a bebés recién nacidos muertos y las habladurías dicen que hay fantasmas, tanto es así que, a las casas cuyas ventanas dan al callejón, les han puesto rejas.










Callejones de los Gatos: estas viviendas fueron entregadas a viudas de combatientes para que pudieran criar a sus hijos y tener un techo. A cambio no les está permitido hacer ni una reforma, ni exterior ni interior. Y, si quieren venderla, tiene que ser con autorización de la Administración. Ya en la parte alta de la ciudad, vimos la Iglesia Tata Solano, el Monasterio de la Recoleta, Primer Mirador la recoleta, el Callejón de las artesanías, el Museo de arte indígena (ASUR) y el Segundo mirador, que es privado porque es de un hotel.
Hasta aquí la primera parte de nuestra por Bolivia en tres semanas. Os dejamos con un vídeo que grabamos en el Salar de Uyuni.






























Artículo muy interesante y detallado!! Dan ganas de hacer las maletas y salir ya para Bolivia!
Muchas gracias! Esperamos que podáis ir pronto. Un abrazo!
¡Qué post tan currado! 😍 Habéis conseguido transmitir perfectamente lo que es viajar allí. Me han entrado unas ganas enormes de conocer el Salar de Uyuni. El Dakar puso a Uyuni en el mapa para mucha gente que, como yo, no sabíamos ni que existía
Unas preguntas: ¿diríais que Bolivia es caótica o más bien que es caos con encanto que al final forma parte de la experiencia?, ¿en qué época del año la recomendaríais?
Muchas gracias por tus palabras Esther. Respondiendo a tus preguntas Bolivia es un país en desarrollo que tiene carencias. Caos como tal solo lo vimos en La Paz pero a pie de calle, por el tremendo tráfico, mucha gente vendiendo de todo en las aceras y también mendigando. Por contra, en las alturas el teleférico funciona de lujo. Y por otro lado la mejor época para ir es evitando el invierno, porque los alojamientos no están preparados para mucho frio.