PROPINAS

Un tema este muy controvertido, pero quería abordarlo porque puede llegar a romperte el presupuesto de un viaje.
Como española, es algo en lo que a priori no cuento porque en España no son obligatorias. Para nosotros la propina es un acto voluntario y siempre como muestra de agradecimiento a la atención recibida.
Si yo decido consumir en un establecimiento porque me convencen los precios, opino que no es de recibo que tenga que contar con una carga obligatoria extra por ello.
Y sin embargo en muchos países no es así.
Me molesta bastante que, incluso en las revistas de viajes, se indique expresamente que se tenga en cuenta apartar dinero para el guía y el chófer. Concretamente, en nuestro viaje a China, recomendaban dar 10€ por persona y día al guía, y 5€ por persona y día al chófer. Estuvimos allí 15 noches, ¿os imagináis el presupuesto en propinas? ¿es que el mayorista no paga al corresponsal para que pague los sueldos a estas personas?
Menos mal que, comentándolo con el grupo, no estaban todos de acuerdo y cada uno dio o no según su criterio.
Cruceros no hemos hecho pero sí hemos visto escrita la coletilla “propinas no incluidas”, para que cuentes con llevar ese dinero de más. Increíble.
En mi viaje a Argentina con mis padres, íbamos con guía desde España y nos coaccionaba a dar a cada guía local 20€ por persona y día. Aún recuerdo el enfado que nos provocaba. Bastante caro era el viaje ya.
Luego están los grupos en los que hay cuatro que coaccionan al resto para dar la misma cantidad por persona. Antaño me callaba. Ahora no. Me pronuncio al respecto para que cada uno voluntariamente entregue o no la cantidad que quiera o pueda. Una cosa es preguntar más o menos cuánto piensan dar los demás para orientarme y otra cosa es sentirme obligada a participar.
Luego están las propinas en restaurantes. Hay países como Estados Unidos que te lo incluyen en la cuenta sumándolo al coste de la comanda, y es un 10%. Podían añadirlo al precio de cada plato en la carta y así sabría qué me va a costar.
Estamos estos días de viaje por Costa Rica y aquí, supongo que por recibir mucho turismo de Estados Unidos, hacen igual.
Ayer mismo para cenar elegimos una Soda (restaurantes populares) donde la cuenta, según carta, eran 25$ y la realidad fueron 30$ por la propina sumada en la cuenta. Lo curioso fue que, cuando estábamos degustando los platos, vinieron a preguntarnos qué tal estaba todo, les dijimos que muy rico y, al irnos después de pagar, nos miraban raro porque no dejábamos propina extra en la mesa. ¿No era suficiente con la que ya incluyen ellos en la cuenta? ¿Me tienen que hacer sentir mal por no dejar además una propina voluntaria? No tienen final.
Tampoco puedo dejar de hablar de esos establecimientos donde, cuando vas al aseo, hay una persona que te cobra por usarlo. ¿Es que el propietario no paga al personal de limpieza o qué? Te sientes exprimido por todas partes.
Dónde mejor nos hemos sentido, en general, por este tema es en Asia. No son obligatorias. El precio que pone en la carta es el que se cobra y, en base a eso, decido si entro o no. Y, si no dejo propina, no me miran raro. No tengo por qué sentirme mal como si me estuviera yendo sin pagar si no dejo propina.

¿CON QUIÉN VIAJAS?

De pequeña, por supuesto, viajaba en familia. Ya de adulta he seguido viajando con mis padres y actualmente con mi marido.
Todo esto conforma una manera de habituarte a hacer las cosas. Hay muchas opciones para viajar: barato, caro, en hotel, apartamento, camping…
Cuando viajábamos en familia comenzamos combinando camping en trayecto y hotel en ciudad. Era una forma de abaratar el viaje cuando no había tanto dónde elegir.
Ahora no voy de camping pero tengo suficiente con una habitación con baño que esté limpia. Y, en cuestión de equipaje, ya me pronuncié en otra entrada del blog.
Todo ello me define como viajera y me hace compatible o incompatible con otras personas a la hora de viajar. Es complicado encajar incluso con personas con las que nos llevamos bien. Es curioso que puedas tener mucha afinidad con alguien para quedar, salir a cenar, de marcha, contarte la vida, etc, y sin embargo, saber a ciencia cierta que no saldría bien compartir un viaje.
Soy consciente de lo afortunada que soy al encajar al 100% en este punto con mi marido. Es importantísimo para nosotros porque es la actividad que más nos gusta. Es más, si nos lo pudiéramos permitir a nivel económico, nuestra vida sería itinerante recorriendo el mundo.
Tampoco nos consideramos de lo más extremo, por ejemplo, a la hora de dormir en cualquier sitio, ni realizar actividades de riesgo. Seguramente somos muy normalitos. Pero sí hemos ido evolucionando con la práctica y cada vez viajamos con ropa y calzado más cómodos, calculando lo justo, nada elegante. Claro que esto nos lo ha ido dando la experiencia, siendo conscientes de que en destino hay cosas superfluas que no vas a utilizar.
Somos rápidos para ponernos en marcha por la mañana. Si estamos en un lugar cálido, el pelo lo seco al aire, no me maquillo, ni llevo un surtido de cremas. Reduzco el neceser a lo imprescindible.
Y resulta que todo ello me hace tan feliz, transportando una maleta más ligera y dedicando el día a disfrutar donde estemos.
Tampoco significa que nos castiguemos en vacaciones. Odio madrugar y lo evito siempre que puedo, aunque tampoco pierdo la mañana en la cama.
Nos gusta combinar las vistas culturales con disfrutar el ambiente y mezclarnos con la gente. No nos hace falta ver todos los monumentos y museos. Saber cómo se vive o qué se come en un lugar, tiene para nosotros más importancia que visitar un museo más. Evidentemente los importantes los vemos, pero ello no nos impide saborear el sitio donde estamos.
No sé si los que estáis leyendo esto os sentís identificados o, por el contrario, sois de los que recorréis el mundo con mochila, durmiendo en cualquier sitio o, el extremo opuesto, de los de maleta enorme con un modelito para cada día; de los que veis monumentos o de los que hacéis naturaleza. En la diversidad está el gusto.
La suerte es encontrar con quien hacerlo para disfrutar al máximo. En la vida todo es cuestión de ritmos y nosotros hemos encontrado ese nexo.
Cuándo me acelero viendo cosas, mi marido tiene la habilidad de hacerme ver que no estoy disfrutando. Es mejor parar que agotarse.
¡Disfrutad a vuestro ritmo cada viaje!

Viaje organizado vs. viaje por libre

Voy a tratar de exponer los pros y contras y por qué elijo uno u otro cuando voy a viajar.

Viaje organizado

Pros: te despreocupas. Es la agencia quien se encarga de organizarlo todo y sacarle el máximo rendimiento cuando tienes los días tasados. Tienen años de experiencia y son sabedores del tiempo necesario para conocer un lugar y cuadrar las visitas con los desplazamientos.

Habitualmente llevas un guía que te acompaña todo el viaje lo que te da seguridad. Te explica, te cuenta la historia, el arte, te informa de datos del país que visitas, te soluciona problemas que puedan surgir.

Contras: cuando un lugar te gusta mucho, sólo lo visitas, te quedas con las ganas de vivirlo y disfrutarlo, de exprimirlo. El tema de las prisas para hacer una foto, ir al servicio, disfrutar de un paisaje o una vista, o dar una vuelta de manera rápida por las tiendecillas de recuerdos son puntos negativos para mí.

Luego están las visitas “obligadas” a tiendas de alfombras o artesanía donde los guías tienen comisión si alguien del grupo compra. Se pierde un tiempo precioso en un tipo de comercio que está en todas partes. Es un peaje que se paga en casi todos los circuitos organizados.

En ocasiones puedes sentirte excesivamente atado, puede darte la sensación de que no vas a sorprenderte porque está todo organizado.

Suele ser más caro, aunque también es verdad que es más difícil que haya problemas, y los alojamientos los conocen por lo que se evitan malas sorpresas.

Te suelen llevar a restaurantes más “occidentalizados” para curarse en salud. A nosotros nos encanta descubrir la gastronomía local y preferimos ir a sitios donde podamos degustarla y mezclarnos con la gente del país.

Otra cuestión es el grupo que te toque. Si es numeroso (para mí por encima de 20 personas lo es) tienes la sensación de formar parte de un rebaño y que no escuchas bien las explicaciones. Y luego que sea majo. El grupo es un arma de doble filo: hay viajes en los que justamente esto marca la diferencia de manera positiva y, en otros, es lo que te lo arruina. Nos hemos encontrado con las dos situaciones: personas muy viajadas y que se adaptan a todo fácilmente, son puntuales, etc y, por el contrario, con otras que el viaje en cuestión era el primero y todavía no tienen el hábito de ir en grupo.

Hay un punto que reconozco que llevo mal y es el de la impuntualidad. Que se haya fijado un punto de encuentro a una hora determinada y haya personas que retrasen el horario de todos, no me gusta nada y, si además suben al autocar sin disculparse si quiera, aún me gusta menos.

Sin embargo, tener la suerte de un grupo majo, es una gozada. Es una lotería.

Viaje por libre

Pros: tú mides los tiempos. Eliges los ritmos, te los marcas tú. Si estás en un lugar que te encanta, te quedas más y, si no, continúas viaje.

Todo el tiempo vas a decidir qué quieres hacer durante el tiempo que quieras. Nadie va a estar metiéndote prisa para hacer una visita, hacer una foto, ir al servicio, realizar tus compras. Una de las cosas que nos encanta hacer a nosotros es meternos en supermercados locales a ver qué comida venden. Nos da una idea de la gastronomía en casa y de los precios que manejan, es un indicativo del nivel de vida.

Comerás donde tú decidas, te equivoques o no. Puedes encontrar sitios fabulosos como los que conoces de tu ciudad que son poco turísticos. Me encanta descubrir restaurantes así preguntando a la gente.

Puedes encontrarte con sorpresas inesperadas como un mercadillo en la calle, una población en fiestas, una feria, un grupo tocando música en la calle… Este tipo de cosas te las sueles perder viajando organizado.

El presupuesto lo ajustas tú, desde inicio y sobre la marcha por lo que, con menos dinero, puedes viajar más tiempo que con la agencia, aunque bien es cierto que de manera más modesta.

Contras: habitualmente necesitas más días y prepararlo todo tú. No cuadra todo de forma tan perfecta para visitar y viajar, sobre todo, si te desplazas en avión.

Hay más riesgo de sufrir imprevistos que además nadie te va a solucionar. Pueden amargarte el viaje, es cierto, y también te van a proporcionar las anécdotas para contar a la vuelta.

Por supuesto tienes que hablar inglés al menos con un nivel medio. Imprescindible ir con un libro-guía del país y localizar las oficinas de turismo para informarte y proporcionarte planos y mapas. Eres tú quien tiene que orientarse.

Nuestra elección

Si se puede ir en coche, desde luego, nos vamos por nuestra cuenta. Es el caso de los viajes por España. También por Europa aunque tengamos que ir en avión y luego alquilar el coche en destino. El modo de vida y la forma de conducir son como aquí.

Aparte, siempre puedes contratar una visita guiada en algún sitio que te interese, subir a un autobús de dos pisos “sightseeing” o “hop-on hop-off” con audio-guía que te enseñe la ciudad (además te permiten subir y bajar por lo que puedes escuchar las explicaciones y combinarlo con visitar por zonas la ciudad), investigar si hay free-tours donde vayas …

Sin embargo, si hablamos de viajes a otros continentes, el 70% de las veces hemos escogido viaje organizado. Principalmente porque no solemos juntar más de dos semanas y así no te dejas nada importante. China ha sido una excepción porque fueron tres.

Lo que sí miramos siempre en el programa es cuántas tardes libres vamos a tener. Así nos organizamos para hacer cosas diferentes y dejarnos sorprender por el lugar. Nos encanta salir por nuestra cuenta, desplazarnos en transporte urbano, perdernos entre la gente, las tiendecillas, los restaurantes locales, las terracitas en calles peatonales… es la forma de empaparnos del ambiente.

Eso sí, tanto yendo de una forma como de otra, hay un tema que tiene que ser denominador común: que el destino sea seguro dentro de lo razonable.

Esos pequeños objetos útiles

que me llevo y hacen mi viaje más agradable.

Mi portabotellas: Este es un invento mío que de hecho tengo publicado en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial por la Oficina de Patentes y Marcas.

Nació a raíz de una necesidad propia para poder llevar una botella de manera cómoda y a la vez que fuese ligero y ocupase poco espacio de forma que pueda llevarse en cualquier sitio (bolsillo, bolso…). Quería que me permitiera transportar una botella sin tener que llevar las manos ocupadas y además evitar calentar el contenido.

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Libretita y bolígrafo: siempre. Porque voy anotando poblaciones y lugares que visito con el fin de poder añadir toda esta información en el album de fotos digital que hago cada año. Incluso escribo nombres de alojamientos y restaurantes que merecen la pena por si quiero volver o para poder aconsejarlo a quien vaya después.

Rotulador fosforito: para poder marcar nombres en los planos y mapas. Es la manera más rápida de localizar un sitio.

Pinza de tender: al menos una. Nunca se sabe si vas a comprar algo que no te vas a terminar, por ejemplo, una bolsa de pipas, de galletas, o cualquier cosa parecida que se os ocurra. Así puedes mantenerla cerrada. Por supuesto que también se puede usar para tender pero yo la llevo pensando más en el otro fin. También un clip podría hacer la misma función pero es más fácil perderlo.

Cinta de carrocero o celo: sirve para un montón de cosas pero nosotros empezamos a viajar con ella para poder mantener las cortinas cerradas en los alojamientos y que no te despierte la luz del amanecer. También la empleamos para reparar mapas cuando empiezan a romperse.

Enchufe triple: no en todos los alojamientos sobran enchufes para conectar varias cosas a la vez: tableta, móviles, secador de pelo… Así solucionamos el problema.

Toallitas refrescantes: sobre todo cuando viajamos a países cálidos. Aparte de refrescar, dan sensación de higiene cuando no tienes un lavabo cerca para asearte. Por supuesto también llevamos el típico paquete de klínex.

Goma o pinza para el pelo: siempre llevo en el bolsillo interior del bolso, porque no hay cosa que moleste más que no poderse recoger el pelo cuando hace falta.

Cacao labial: siempre en el bolso o mochila. Se me cortan mucho los labios y así los hidrato.

Sal de frutas: si te sienta mal una comida o tienes una digestión pesada, es un remedio rápido para reponerte.

Monedero vacío: para poder llevar aparte la moneda del país al que vamos y no mezclar con la nuestra.

Mosquetón en la correa del bolso: uno pequeño (se puede ver en la  foto). Para poder colgar lo que sea de ahí, por ejemplo, una bolsa si compro algo; y me permite seguir llevando las manos libres.

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Como podéis comprobar, para mí es importante llevar las manos libres. Me gusta hacer fotos, con lo cual, cualquier cosa que me impida hacerlo, ya le estoy dando vueltas a la cabeza para dar con el modo de evitarlo.

Llevo más cositas pequeñas pero van variando dependiendo del tipo de viaje que hago. Os enumero algunas: gorra, crema solar (bote pequeño en la bolsa de mano), medias de compresión para que no se me hinchen las piernas y almohada para el avión, pulsera antimosquitos, paraguas plegable, navaja (si viajo en coche), silbato (si voy a ir a la montaña; es muy útil si te pierdes), kit de costura, nevera plegable pequeña para mantener latas de bebida fresquitas, abanico…

Seguro que podéis completar esta lista y os animo a hacerlo. Me resultará útil saber qué lleváis. Puede que no haya pensado en ello y os lo agradecería.

Cómo hacer el equipaje

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Quería abordar este tema aunque cierto es que la cantidad de equipaje a llevar y la forma de hacer la maleta es muy personal. Por supuesto también es diferente hacerla para un fin de semana que para un viaje largo.

Me referiré aquí al tema de viaje largo puesto que siempre hay más cantidad de cosas a llevar.

Observando a compañeros en mis viajes me doy cuenta que, en general, se viaja con más equipaje del que nos hace falta y a veces no distribuimos correctamente el contenido.

En el último viaje organizado que he realizado, cuando cambiábamos de ciudad y, por tanto, de alojamiento, si nos venían a recoger a las 8h, había personas que reconocían haberse levantado a las 5h para hacer la maleta, desayunar y vestirse. ¡Con lo valioso que es para mí el tiempo de dormir! Además de que, si vas cambiando de ciudad cada dos o tres días, le estás dedicando demasiado. Yo no estoy dispuesta a madrugar y sacrificar un tiempo precioso de descanso.

Cuando voy a hacer un viaje, siempre hago una lista con lo que tengo que llevar: anoto en una cara de papel lo obligatorio para ese viaje, lo imprescindible y, en otra, el tipo de ropa y calzado que necesito. Y luego voy tachando conforme lo he metido.

Empiezo la maleta como tres días antes de la partida porque así me da tiempo a ser consciente de si me faltan cosas o, si por el contrario, voy a cargar con más de lo necesario. Desde luego, una plancha de viaje para mí sería impensable en un tipo de viaje así. Diferente es ir a una boda un fin de semana. Hay que razonar cucuán esa plancha es importante llevarla y cuándo no. Para un viaje largo al extranjero no lo es y, si nos lo parece, seguramente lo mejor será que cambiemos el tipo de ropa que pensábamos llevar.

Voy a explicar cómo hago el equipaje para viajar en avión y qué me ha hecho llevar a hacerlo así.

Mi marido y yo viajamos con dos maletas que facturamos, y una mochila como equipaje de mano cada uno.

Al principio hacía una maleta con la ropa, y otra con bolsas de aseo, botiquín y calzado. Me era muy práctico que la ropa fuera aparte y la mantenía menos arrugada o esa era mi impresión. Pero, a raíz de que nos extraviasen una maleta que nos llegó días más tarde a destino, cambié la manera de hacerlo.

Sigo llevando dos maletas pero las organizo de la siguiente forma: los neceseres de él y mío separados, uno en cada una pero cepillo de dientes para cada uno en los dos; calzado repartido de los dos, lo mismo con la ropa interior y el tema botiquín. Todo esto lo coloco en el fondo de cada maleta. En cuanto a la ropa, hago cuatro bloques, dos de cada uno más o menos uniformes de tal forma que, si nos pierden una maleta, sé que cualquiera de los dos va a  tener pantalones y camisetas/polos para ponerse. Una vez hechos los cuatro bloques, pongo un bloque de ropa de él por ejemplo en el lado derecho encima de todo lo que he indicado antes, y en el otro lado, por ejemplo el izquierdo, un bloque con mi ropa. Y hago lo mismo en la otra maleta.

Las pesamos siempre para saber si nos estamos pasando o llevamos un equipaje razonable. Intento también llevar ropa que no pese mucho. Los vaqueros trato de evitarlos a no ser que sea un viaje en otoño/invierno. Mi consejo sería que cada maleta pesara no más de 16 kgs antes de salir de casa. Nunca se sabe qué te va a apetecer adquirir por el camino. No salimos con el equipaje al límite del peso permitido.

Distribuida la ropa así no se aplasta y, cuando llego a un alojamiento, simplemente tengo que meter la mano hasta la prenda de abajo que intento que no sea la más blanda, es decir, pongo los pantalones abajo y las camisetas/polos/pañuelos etc arriba. Agarro el bloque de ropa en cuestión y tal cual lo coloco en una estantería. Y, el día que me voy, de la misma manera lo recojo. No suelo llevar ropa que se arrugue para no tener que colgar en perchas más que lo indispensable. Así evito tener que doblar de nuevo al irme.

Los neceseres los llevo al cuarto de baño y los zapatos los dejo en la maleta en sus fundas. Si necesito usarlos, bien pero si no, todo ese fondo de maleta de ropa interior (que la llevo también en bolsa aparte para tenerla localizada en la maleta), calzado, bolsas de aseo, botiquín, se queda sin sacar. Lo que voy necesitando lo uso y lo vuelvo a dejar en su lugar de la maleta.

De esta forma, el día de la salida, meto los neceseres y cojo cada bloque de ropa plegado de la estantería del armario donde lo dejé. Así consigo que, preparar la maleta cada día de cambio de hotel, me lleve no más de diez minutos.

Conforme va avanzando el trayecto y tengo más llena la bolsa de ropa sucia, la coloco encima de lo pesado de la maleta pero siempre debajo de la ropa limpia. O incluso, al final del viaje, coloco la ropa limpia en una maleta y la sucia en la otra.

Debo hacer un inciso llegados al punto de la ropa sucia. Nosotros intentamos lavar siempre que podemos en mitad del recorrido en alguna lavandería. ¿Por qué? Porque, aparte de volver a tenerlo todo limpio, nos permite viajar con la mitad de ropa. En cuanto a la ropa interior, hay un truco muy práctico que es guardar durante el año esas mudas que se van quedando viejas y que ya querríamos tirar, y llevarla a estos viajes. Cada día, cuando te duches y cambies de muda, tiras la vieja. Así cada vez tienes más espacio en la maleta y no transportas tanta ropa sucia. Cada vez conozco más personas que lo hacen.

En cuanto al equipaje de mano, nosotros preferimos llevar una mochila cada uno. Dentro por si acaso: una muda, una camiseta, un kit dental e incluso, dependiendo donde sea el viaje, un traje de baño y unas chanclas. Las gafas de sol y/o de ver también en la mochila, la guía de viaje, la documentación por supuesto, dinero, tarjetas, etc, almohada para el avión… En cuanto a si trolley o mochila de cabina cuando se viaja en avión, nosotros nos decantamos por mochila por ir a la espalda y tener las manos libres para poder llevar la maleta cómodamente. Muchas veces he visto viajeros caminando con una maleta grande para facturar y una trolley pequeña para cabina y luego no tienen una mano libre porque necesitan una para cada maleta. Eso sí, cuando no facturamos equipaje, también preferimos las trolley.

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Para distinguirlas les ponemos unas cintas de colores que las rodean, aunque últimamente hemos adquirido unas fundas que cubren la maleta por completo. Así se ven en cuanto salen y, por otro lado, se pueden lavar aparte y protege la maleta de la suciedad de ir de un sitio a otro por los aeropuertos.

Espero vuestros comentarios y sugerencias. Seguro que tenéis trucos propios que pueden servirnos a todos. Ojalá mis consejos os sirvan de ayuda. Gracias.

China

No fue mi primera opción en las últimas vacaciones (junio 2018). Sabíamos que queríamos ir a Asia porque teníamos tres semanas y este continente es el que más nos gusta por lo diferente que es en todo. Nos tiene atrapados.

Al tener tanto tiempo para viajar nos decantamos por un país grande, preferimos hacerlo en una vez y no tener que ir varias veces para conocer lo más importante.

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Tengo que recordar todo lo emblemático que tiene China y que son de sobras conocidos por todos: la Plaza Tiananmen, el Mausoleo de Mao,

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la Ciudad Prohibida,

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la Gran Muralla,

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los Guerreros de Terracota de Xian,

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Guilin y el crucero por el río Li,

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Shanghai,

 

Hangzhou y Suzhou…

En general no había oído comentarios positivos sobre limpieza y otras costumbres como la de escupir en la calle, el problema de la polución… En fin, que me iba preparando mentalmente para todo ello.

Quizás fue por esto que me ha sorprendido gratamente. He encontrado un país muy avanzado tecnológicamente hablando. Pagan con el móvil escaneando el código QR en los establecimientos, incluso en chiringuitos de la calle como los que se ponen en las fiestas en nuestras ciudades. Las calle están muy limpias, tengo que reconocer que, en muchos casos, mejor que aquí. Y, en cuanto a lo de escupir, creo los superamos.

Me he sentido agusto, sin sensación de inseguridad, cosa que para mí es importante. La única pega es el tema del idioma. Son contados los chinos que hablan algo de inglés. Este fue uno de los motivos por los que escogimos viaje organizado con agencia. Hubiera sido complicado hacernos entender, por ejemplo, en la estación de trenes de Pekín porque estaba todo escrito únicamente en chino; sólo podíamos leer los números. Menos mal que el guía nos dejó en el andén correcto para subir al tren para ir a Xian.

Sin embargo las estaciones de metro ya están los letreros en los dos idiomas (chino e inglés). Ello nos permitió movernos con libertad las tardes libres. Además es un medio de transporte muy barato: en Xian costaba 0,30€ y en Shanghai 0,50€. También es cierto que, ir en un taxi durante 40 minutos, costaba alrededor de 4,50€ en Pekín; pero los taxistas no son muy amigos de llevar extranjeros (en algunas ciudades) porque piensan que van a tener problemas para entenderse. No es así si en el hotel pides una “business card” con el nombre y la dirección del hotel escritos en chino y se la enseñas al taxista para volver. Y para ir a cualquier sitio, enseñando el plano de la ciudad e indicando dónde quieres ir, solucionado.

En cuanto a las comidas también nos ha sorprendido gratamente. Hay mucha variedad y, para mi gusto, es mejor que la de los restaurantes chinos de aquí que es mucho más básica. Eso sí, allí es picante. Cierto es que, cuando te ven extranjero, son más comedidos e incluso te sirven el picante aparte para que lo adereces a tu gusto. Los precios son más baratos que los de aquí, hemos llegado a comer bien por 5€ por persona.

En cuanto al carácter, nos hemos encontrado chinos sonrientes, amables, y consumistas, lo cual nos ha chocado viendo lo trabajadores que son los de aquí que nunca te los encuentras consumiendo en tiendas y restaurantes. Allí, si pueden permitírselo, se compran muchos artículos de marca. Hacen mucha vida en la calle, taichi en los parques por las mañanas, bailes con música en las aceras por la noche, les encanta la fiesta, las luces, los colores… Es verdad que, tal y como intuimos aquí, se visten y ponen complementos muy infantiles; esto nos hacía bastante gracia.

El parque automovilístico también nos ha dejado con la boda abierta por la cantidad de vehículos de alta gama que circulan por las calles, casi no se ven utilitarios de andar por casa como aquí. Y las motos son prácticamente todas eléctricas. La polución les está cambiando rápidamente la manera de pensar y comprar.

En fin que recomiendo China, es un gran país y no sólo por su extensión y número de habitantes. No nos hemos sentido agobiados por la masificación, son muy ordenados, nos hemos sentido seguros y bien acogidos. Creo que, en unos años, cuando se hayan puesto al día con el inglés, será un interesante país asiático a visitar por libre.

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Viaje cerca, viaje lejos

Evidentemente, no es lo mismo una escapada de fin de semana o en un puente que un viaje de vacaciones de un par de semanas.

Habitualmente me he encontrado con la opinión generalizada de que es mejor conocer primero tu país y luego el resto, empezando además por lo más cercano. Por supuesto en esto influye también los medios económicos de cada uno además del conocimiento de idiomas e incluso el miedo a salir de la zona de confort, tema que abarcaré más adelante y, claro está, si uno tiene hijos o no condiciona nuestra manera de viajar y nuestro destino.

No estando en una situación que te ate, mi opinión no está totalmente de acuerdo con visitar primero nuestro país y luego el resto. Sí que es verdad que hay que conocerse y conocer el país en el que vivimos pero también es verdad que, conforme nos vamos haciendo mayores, más perezosos nos volvemos para realizar un viaje largo que implique muchas horas de avión y muchas noches durmiendo en una cama que no es la nuestra.

Mi opinión es emplear los fines de semana, puentes y semanas sueltas en movernos por nuestro entorno y, a partir de dos semanas de permiso, ampliar nuestros horizontes y realizar un viaje al extranjero. Según lo lejos que esté y lo grande que sea condicionará también nuestra elección.

Yo empecé viajando con mi familia, primero por España en viajes cortos y, cuando al fin decidimos salir, lo lógico fue Europa. Estaba lo suficientemente cerca como para ir en coche y, como la forma de vida es muy similar a la nuestra, no suponía un gran esfuerzo buscar alojamiento, comer o visitar monumentos.

Ya de adulta y teniendo mi propio trabajo y salario, aparte de ahorrar pensando en el futuro, mi mayor ilusión es apartar dinero cada mes pensando en el viaje de cada año. Soñar con un nuevo destino, informarme sobre ese país, documentarse también en televisión viendo programas de personas que lo han visitado o viven allí. Reconozco que es como una droga, me parece el dinero mejor invertido del año porque lo invierto en mí. Vuelvo nueva de cada viaje, lo disfruto y lo exprimo. Pensar en ello me hace saborearlo antes, durante y después. Claro que las fotografías ayudan a ello también. Me gusta hacer mis álbumes digitales y escribo al lado de las fotos la información del sitio, incluso el nombre del alojamiento o del restaurante si me ha gustado, por si lo necesito si repito destino, o lo tengo que aconsejar a alguien que vaya a ir.

Bienvenid@s a nuestro blog

Os invito a participar en nuestras opiniones sobre VIAJAR, particularmente a mí, lo que más me gusta del mundo. Me considero una privilegiada por poder hacerlo y disfrutarlo aunque no pueda convertirlo en mi forma de vida. La suerte que tengo es de tener conmigo a mi marido quien disfruta tanto o más que yo de algo que nos hace compartir experiencias de todo tipo que nos completan en cada viaje.

Este blog no va a ser una guía de viajes. Se trata más bien de debatir, de comentar, intercambiar impresiones, sentir el viaje, qué me aporta cada lugar, qué reflexiones me hago durante el camino, cómo me siento al salir de mi zona de confort.

La adaptabilidad que tengo a la itinerancia. Cuando salimos ¿queremos volver enseguida? o, por el contrario, estoy tan entusiasmada/o estando fuera que, en el momento me siento bien durmiendo en cama ajena, haciendo y deshaciendo maleta, lavando la ropa donde me pille… ¿llega un momento que continuaría viajando sin fecha de regreso? En ese momento es cuando viajar nos gustaría que se convirtiera en nuestra forma de vida, es algo que necesitamos alimentar. Viajar se convierte en nuestra zona de confort, nos produce sensaciones que nos estimulan, cada país de una forma distinta. Qué tipo de viaje elijo, de alguna manera, me define como persona: aventurera, conservadora, segura, tolerante…

¿Viajas por libre o mediante viaje organizado?

¿Qué te llevas en la maleta a cada país?  y  ¿qué te traes de él?  ¿cuáles son tus imprescindibles?  ¿qué países te hacen repetir y cuáles no y por qué?   ¿qué tipo de cosas te impactan en cada sitio?  ¿eres más de visitar monumentos o de ver naturaleza?

Todo este tipo de cosas me gustaría tratarlas poco a poco y que aportéis vuestros comentarios e inquietudes.