Occitania. Ruta de 8 días en coche

Situada en el sur de Francia, Occitania es una región donde se entrelazan historia, cultura y paisajes deslumbrantes. Multitud de pueblos pintorescos, castillos medievales y viñedos se extienden hasta el horizonte, esta tierra invita a sumergirse en su rica herencia cultural e histórica. La famosa Ruta de los Pueblos más Bellos de Francia reúne algunas de las joyas ocultas y más visitadas de la región. Desde aldeas encaramadas en acantilados hasta antiguos cascos urbanos preservados con esmero, esta ruta ofrece una experiencia única, donde el pasado cobra vida en cada rincón y la belleza rural se despliega en su máxima expresión. Cada pueblo, con su encanto particular, es una puerta de entrada a la historia, la gastronomía y el arte de vivir francés, con sus ventajas y sus inconvenientes que luego detallaremos.

La historia del sur de Francia es como una novela medieval épica con giros inesperados, traiciones, reinos cruzados y alianzas locas. Las regiones de Languedoc-Rosellón y Midi-Pirineos constituyen ahora Occitania, hogar de trovadores y cátaros, con férreos lazos históricos con el Reino de Aragón, una relación que casi parecía sacada de una serie de época.

Retrocedamos a la Edad Media: por aquel entonces, el sur de Francia no era el tranquilo destino vacacional que es hoy. Los señores feudales, entretenidos entre luchas territoriales, desatienden la amenaza de los cátaros, una secta religiosa acusada de herejía, que estaba poniendo patas arriba la ortodoxia cristiana, lo que dio lugar a la famosa Cruzada Albigense. Y ahí es donde entran los reyes de Aragón. Como buenos vecinos del otro lado de los Pirineos, veían en estas tierras un potencial para expandir sus dominios, ¡y vaya que lo intentaron!

El Reino de Aragón, que controlaba buena parte de lo que hoy es España, también intervino en el sur de Francia, gobernando condados, construyendo castillos, y generando alianzas matrimoniales con la nobleza local. Durante siglos, los aragoneses y los occitanos compartieron mucho más que la frontera pirenaica. Algunos condados, como el de Barcelona, incluso tenían un pie en ambos reinos, ¡como si quisieran estar en dos fiestas a la vez!

Al más puro estilo “Juego de tronos” también hubo traiciones. Uno de los episodios más notables fue cuando el rey aragonés Pedro II, que defendía a los cátaros, acabó enfrentado a los cruzados enviados por el papa y por el rey de Francia, muriendo en la batalla de Muret en 1213. Pero a pesar de este descalabro, los lazos entre Aragón y el sur de Francia siguieron marcando la cultura, la lengua y hasta las tradiciones locales durante siglos.

Os dejamos aquí el mapa con nuestra ruta de 8 días por estos bellos pueblos de Occitania.

Nuestro itinerario empieza por una mini visita a esta ciudad, bañada por el canal de la Robine. Decimos mini porque le dedicamos unas 3 horas, antes de llegar a nuestro alojamiento en Carcassonne. Tras aparcar en el mercado de Les Halles, ya cerrado, nos dirigimos al casco antiguo cruzando el puente de las barcas, que salva el canal de la Robine. Este canal es una rama del canal du Midi, tiene una longitud de 32 km y cuenta con 13 esclusas. Hay varios barcos y barquitas que ofrecen excursiones por este tramo del canal. En este precioso día de septiembre, nos encontramos con un cálido ambiente en el mercado de la promenade Les Barques, a orillas del canal, con multitud de puestos de antigüedades, pinturas, vinilos y varias terrazas que invitan a degustar un café o un rico helado.

Seguimos hacia la plaza del ayuntamiento, donde nos topamos con la Vía Domitia, una calzada romana que unía la península itálica con la ibérica en el siglo II AC. Entramos en el Palacio Arzobispal, pasando por su enorme patio y saliendo por un lateral. Se pueden visitar sus salas, patios, dos museos y subir al torreón Gilles Aycelin. Nosotros no teníamos tanto tiempo.

Nos adentramos en el claustro de la Catedral de los Santos Justo y Pastor, preciosa, gótica, con estupendas gárgolas, es la tercera más alta de Francia. Se estaban celebrando varias bodas y había coches clásicos adornados con lazos. En el jardín del arzobispado hay un gran reloj de sol con los nombres de ciudades del mundo grabados en el suelo, también un banco gigante para hacerse fotos. Pasando al otro lado del canal, llegamos a la calle que atraviesa el puente de los mercantes, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, una calle comercial muy animada.

Teníamos este destino marcado en nuestra agenda desde hace años. Al fin hemos cumplido ese sueño en este viaje. Y es que esta villa medieval es un viaje en el tiempo a un lugar de cuento y esperábamos que estuviera a la altura de nuestras expectativas. Pasamos dos noches aquí, la primera llegando ya en la tarde noche apenas vimos un poco del centro hasta la plaza Carnot.

Durante la Edad Media, bajo el dominio del Rey de Francia y en tiempos de las Cruzadas, la ciudad se convirtió en un bastión contra los cátaros. Cuenta la leyenda que durante un asedio, la dama Carcas, que lideraba la defensa, engañó a los enemigos haciéndoles creer que la ciudad tenía comida de sobra, ¡cuando en realidad estaban famélicos! Al final, levantaron el asedio y, según el mito, de ahí viene el nombre «Carcasona», en honor a ella.

Después de tanto drama, la ciudad fue perdiendo importancia y estuvo a punto de caerse a pedazos. Pero, en el siglo XIX, un arquitecto llamado Viollet-le-Duc decidió restaurarla. Y no solo la dejó como nueva, ¡la convirtió en una de las fortalezas más impresionantes de Europa! La Cité de Carcassonne está rodeada de dos círculos concéntricos de murallas de 10 y 14 metros de altura respectivamente, con un perímetro amurallado de 2 km.

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Nuestro día completo amenazaba lluvia, pero nos respetó la visita matutina a la ciudadela a la que accedimos por la puerta de Narbona, en la puerta superior, atravesando una impecable barbacana y una segunda puerta torre. Ya de cerca impresionan sus torres puntiagudas, fosos profundos e imponente estructura.

Una vez en el interior pasear por sus calles adoquinadas es todo un placer, aunque, como os podéis imaginar, la sobreexplotación comercial desluce un poco la visita, como ocurre en otros lugares mega turísticos. Aún así las tiendas de artesanía, pastelerías y acogedores cafés le dan un toque encantador.

Recorrimos las plazas du Château y Marcou hasta llegar al castillo Condal, la fortaleza dentro de la ciudadela, es la recreación del arquitecto Viollet-le-Duc que comentamos antes, y a la que recomendamos entrar encarecidamente, ya que revives en sus salas ese pasado histórico excepcional y además la entrada incluye recorrer sus caminos de ronda sobre las murallas hasta la puerta de Narbona, donde disfrutar de unas bonitas vistas. Podéis adquirir las entradas a través de este enlace.

Una vez acabada la visita nos dirigimos a la basílica de Saint-Nazaire, construída entre los siglos XII y XIII en estilos románico y gótico, aunque de nuevo Viollet-le-Duc dejó su huella en la restauración del siglo XIX, mezclando estilos y modificando el portal románico. Las vidrieras de los rosetones del interior son de una belleza memorable. Terminamos nuestra visita por el interior de la Cité por la puerta del Aude, admirando las lizas, que es el espacio que hay entre dos murallas concéntricas, dedicado en aquel tiempo a ejercicios de prácticas de guerra para los caballeros. En esta misma puerta del Aude observamos unos anillos concéntricos fruto de un proyecto artístico (2018) del artista francés Felice Varini.

Gastronomía. El Cassoulet es el plato típico de la zona, sería como nuestra fabada, un plato contundente de alubias blancas y carne servido en cazuela de barro.

Por la tarde, cuando la lluvia nos dio un respiro, callejeamos por la ciudad nueva o Bastida de San Luis, aunque no tan nueva, pues data del siglo XIII. Pasamos por la Catedral de Saint-Michel, encarando la calle principal, la Rue George Clemenceau, hasta la iglesia Saint-Vincent y el canal du Midi, donde nos encontramos con la Feria de Carcassonne, con un inevitable sabor español, no faltaban los puestos de paella, tapas, sangría o uno dedicado a la tauromaquía, y es que aquí todavía perduran los lazos con la cultura y gastronomía de sus vecinos del sur.

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Nuestra siguiente parada nos lleva a Toulouse, donde nos alojamos dos noches en el barrio de Les Arènes, cerca de la estación de metro. La Ciudad Rosa, como se la conoce por el color del ladrillo de sus edificios, tiene una fascinante herencia romana, gran importancia en la Edad Media como capital del poderoso condado de Toulouse y estación principal de la Vía de Arles o Tolosana, formando parte del Camino de Santiago en su variante del Camino francés. Fue el epicentro del gran proyecto de ingeniería del canal de los dos Mares, que casi unirían el Atlántico con el Mediterráneo. Hasta su papel actual como centro de la industria aeroespacial, esta ciudad siempre ha estado mirando hacia el cielo.

La oficina de turismo de Toulouse dispone de un pase turístico que ofrece descuentos si se van a visitar varios monumentos, museos o actividades, incluso se puede combinar con un bono de transporte de 10 viajes para el metro, bus o tranvía. También disponen de una calculadora para saber si nos compensa o no comprar el pase.

La primera actividad nos llevó al río Garona, donde realizamos un crucero por sus tranquilas aguas y por el canal de Brienne. El río Garona nace en España, en el macizo de la Maladeta, y fluye con una longitud de 16 km a través de Toulouse. Es el alma de la ciudad, su orilla derecha, entre el Pont Neuf y el Pont Saint-Pierre, es un bonito paseo que se llena de gente al atardecer cuando los rayos del sol palidecen y el rosa de los ladrillos se acentúa.

El barco entra en la esclusa de Saint Pierre, un milagro de ingeniería donde tras unos emocionantes minutos el nivel de agua se iguala con el del canal y podemos emprender la marcha de nuevo. La sensación relajante de navegar bajo la sombra de cientos de plataneros y cipreses es como estar en una mecedora. Nos cuentan que en tiempos de la explotación del canal, la fuerza de hombres y caballos remolcaba los barcos por los caminos de sirga y que las raíces de los árboles sostenían las orillas y evitaban el colapso en el canal. Llegamos al puerto de Boca donde el canal se abre con la confluencia de 3 canales, el canal de Brienne, el canal Latéral y el canal du Midi.

Otra curiosidad es la historia del pastel. No el que se come sino la planta, el oro azul de Toulouse, de gran importancia durante el Renacimiento. Era el símbolo de la riqueza y también del rey, por lo que había que tenerlo en el armario. Toulouse dedicó gran parte de su explotación agraria a cultivar esta planta tintórea, hasta que un serio competidor, mucho más eficiente, llegó de las Américas, el índigo.

Terminamos el día dando un paseo por el casco histórico, con gran animación juvenil a cada paso que dabas, y es que Toulouse presume de ser la tercera capital en número de estudiantes de Francia.

Nuestro segundo día empezó con un free tour para conocer los imprescindibles de Toulouse. Podéis reservarlo en el siguiente enlace. El recorrido empieza en la place du Capitole, presidida por el magnífico edificio neoclásico que alberga el ayuntamiento y la ópera. El ayuntamiento se puede visitar, siempre y cuando no haya ceremonias o alguna recepción oficial. En el centro de la plaza hay una estrella occitana de 12 puntas que marca los símbolos del zodíaco.

Entramos en la catedral de Saint-Étienne, un templo peculiar ya que está compuesto por una iglesia románica y otra gótica, pero cuyas plantas no coinciden, como si los arquitectos de un estilo y de otro estuvieran enfrentados. Al final la nave acaba formando dos ángulos rectos.

El tour sigue por el paseo del río Garona hasta el hotel d’Assézat, que alberga la fundación Bemberg, uno de los museos de pintura más importantes de la ciudad. Tras más de 2 horas y media de tour llegamos al convento de los Jacobinos, donde decidimos dejar el grupo y visitarlo por nuestra cuenta. Es uno de los templos góticos más bellos de la ciudad, donde descansan los restos de Santo Tomás de Aquino. Entramos al espectacular claustro y al museo de los cátaros (descuento con el pase turístico), donde encontramos una contundente exposición para empaparse de la historia de esta secta cristiana.

Comimos en Le May, un coqueto restaurante con menú del día y que nos encantó. Después nos pasamos por la hermosa basílica de San Sernín, con 120 metros de largo es el mayor templo románico de la cristiandad, y la curiosidad es que está hecha de ladrillo en vez de piedra.

Por la tarde teníamos una visita diferente y original, La Halle de la Machine, un museo a las afueras de Toulouse con máquinas monumentales que se mueven gracias a verdaderos maquinistas. Es un cruce entre el arte y la técnica, donde cada día el espectáculo se improvisa. Hay un enorme Minotauro, habilitado con cestas a la espalda para llevar visitantes, que da un paseo por las calles aledañas. En nuestra opinión es más espectacular desde el suelo que subidos a su lomo.

La mañana lluviosa que salíamos de Toulouse la dedicamos al museo de Aeroscopia que, junto con la Cité de l’espace y la fábrica de Airbus, constituyen los referentes de la exposición aeronáutica. Nos hubiera gustado visitar sobre todo el último, pero las visitas guiadas que ofrecen no coincidían con nuestra estancia. Con todo y eso el museo de Aeroscopia nos gustó mucho, disfrutamos entrando en el primer Concorde que estuvo en explotación, en un Airbus 300B y en otro 380, así como de la fascinante historia de la aviación.

Metro. En Toulouse hay dos líneas de metro, A y B, que cubren el eje este – oeste y norte – sur respectivamente. Una pequeña crítica que debemos mencionar es que nos encontramos con vagones sin aire acondicionado y estaciones sin baños públicos, algo inconcebible para cualquier ciudad europea de tamaño medio.

Decidimos hacer aquí centro de operaciones para dormir dos noches y visitar los pueblos del noroeste de Occitania. Fue un acierto porque tiene buen tamaño, servicios, opciones para todos los gustos y un puente precioso que merece la pena fotografiar con diferente luminosidad.

Nos alojamos en un Airbnb de una familia que ocupaba la parte superior de la vivienda y nosotros la inferior que parecía que en tiempos había sido un corral de animales y habían hecho una reforma para convertirlo en un apartamento para huéspedes, estaba todo nuevo y tenía aparcamiento en la puerta.

Puente Valentré: sin duda lo más visitado de Cahors, además es Patrimonio Mundial de la Humanidad. Es un puente peatonal de la Edad Media muy bien conservado. Tiene tres arcos y tres torres, es una maravilla observarlo reflejado en el agua del río Lot. Fuimos varias veces a fotografiarlo al caer la luz de la tarde. Además a ambos lados del río tiene un paseo arbolado muy agradable para caminar. Uno de ellos a 10 minutos del centro donde se encuentran la mayor parte de los restaurantes. Recordad que son muy puntuales cerrando, terminamos cenando en el único que nos permitió la entrada y serían las 19:30h o las 20h, no más.

Cahors forma parte de los Caminos de Santiago de Compostela y su casco histórico también es medieval con estrechas callejuelas empedradas y su mercado de abastos data del siglo XIX.

La Catedral Saint-Etienne también es Patrimonio de la Humanidad. Es de estilo románico e incorpora detalles góticos. Llaman la atención sus cúpulas pues son las más altas del medievo después de las de Santa Sofía de Estambul. El tejado es de pizarra y merece la pena buscar una fotografía aérea para verla en perspectiva. Está muy bien iluminada por la noche. En su interior alberga el Santo Tocado, no se sabe a ciencia cierta si fue el que cubrió la cabeza de Cristo en su entierro, pero se le atribuyen milagrosos poderes de curación de enfermedades oculares. Merecen la pena las escenas de la portada principal del martirio de San Esteban. También se puede visitar el claustro que es de una época posterior.

Horloge monumentale: situado en la Plaza Saint-Urcisse, es un reloj donado en 1997 a la ciudad. 54 pinballs hacen que funcione y, manteniéndolo correctamente, podría durar indefinidamente. Es curioso quedarse mirándolo mientras suben y bajan las bolas marcando el transcurso del tiempo.

A media hora en coche llegaréis a este maravilloso pueblo empedrado con unas preciosas vistas sobre el río Lot. Este pueblecito forma parte de la red de los Pueblos más Bellos de Francia (Les Plus Beaux Villages de France). Dispone de varios parkings a las afueras y desde allí se accede caminando por un sendero. Francia ha dispuesto este tipo de aparcamientos en los pueblos con los que estamos completamente de acuerdo para no infestarlos de vehículos pero no así con su precio. En St-Cirq-Lapopie costaba 7€ estés el tiempo que estés, así que contad con este presupuesto de 6€ o 7€ porque es la tarifa a pagar en cada localidad.

Está construido sobre una roca sobre el río Lot, tiene trece monumentos históricos y es maravilloso dejar que tus pies te lleven por sus calles empedradas de la época medieval hasta el mirador para admirar unas vistas de 180 grados sobre el río.

Otra de las maneras de disfrutarlo es hacer un crucero por el río Lot en una barca que podéis tomar a pocos kilómetros de allí que os lleva hasta el pueblo por un camino de esclusas.

Uno de los atractivos que tenéis a pocos kilómetros es la Cueva de Pech Merle, que no visitamos, pero allí se conservan muy bien sus pinturas prehistóricas de caballos, mamuts y otros muchos animales.

Es el segundo pueblo más visitado de Francia después del Monte Saint-Michel. Llama la atención porque parece que está colgado de una pared en el cañón del río Alzou.

Allí los parkings tienen una tarifa de 6€ para 24 horas. Dispone de aparcamientos abajo del todo y arriba mientras que el pueblo queda en el medio. Tiene dos ascensores tipo funicular de tal manera que, si has aparcado arriba y has bajado caminando, puedas subir en ellos a por el coche pagando 4€ por trayecto. Nosotros decidimos aparcar en la parte superior e ir bajando mientras visitábamos cada nivel. Antes de comenzar la bajada hay unos miradores que te permiten visualizar los tres niveles del asentamiento de Rocamadour aunque bien es cierto que la mejor foto se hace antes de llegar al pueblo desde la carretera que circula enfrente del mismo.

En la parte superior está el Castillo. Es privado y solo pueden visitarse las murallas pagando una entrada de 2€ en unas máquinas que hay a la entrada.

El camino de bajada es un Vía Crucis empedrado y llega hasta el Santuario de la Virgen Negra, cuya escultura está en el interior, es una talla de madera del siglo XII. Fue un lugar de larga tradición de peregrinación, pues venían peregrinos de todas partes de Europa a rezar y contemplar la campana del siglo IX. Aquí también se encuentra la tumba de San Amador. Este conjunto tiene varias iglesias y capillas pero lo más original de este Santuario es su enclave pues está construido debajo de la roca, una enorme pared vertical sobre la que, en el nivel superior, descansa el Castillo.

Continuamos nuestro camino de bajada por la escalinata de 216 peldaños que subían los peregrinos cuando venían a rezar, aunque éstos lo hacían de rodillas. Al fin llegamos al casco histórico que dispone de una sola calle peatonal, Rue Roland le Preux, repleta de restaurantes y tiendas de souvenirs. 

La recorrimos desde la Porte Hugon en la derecha según bajas la escalinata hasta la Porte du Figuier en la izquierda y, una vez traspasada, continuamos caminando por la carretera para ascender de vuelta al parking por un camino peatonal que encontraréis a la izquierda, es algo empinado pero en unos minutos llegaréis arriba, a la zona denominada L’Hospitalet, si habéis decidido esta ruta alternativa a los funiculares. Antes de volver a por el coche pasamos por la Chapelle de L’Hospitalet con un pequeño cementerio como solían tener este tipo de pequeñas iglesias medievales de piedra.

Circulando por las carreteras nos llamó la atención un puñado de pueblos con la señal del nombre de la población boca abajo. Esta operación a escala nacional fue lanzada por los Jóvenes Agricultores con el lema “Caminamos de cabeza” en las protestas que se produjeron en el primer trimestre de 2024.

Aunque seguramente la opinión popular no estará de acuerdo conmigo, para mí resultó ser el pueblo más bonito de Occitania, el más auténtico, el que me robó el corazón. De nuevo, forma parte de los Pueblos más Bellos de Francia y es Patrimonio Mundial por la Unesco.

Allá por la Edad Media, un monje benedictino se hizo con los restos de Sainte-Foy (Santa Fé) que había sido quemada en una parrilla en la hoguera y decapitada con tan solo 13 años de edad. Estas reliquias adquirieron fama mundial por sus poderes y los peregrinos empezaron a venir a Conques, tanto es así que consiguió desviar uno de los tres Caminos de Santiago franceses, el denominado Le Puy-Conques (o Vía Podiensis) que hoy pasa por aquí y de hecho es la vía más importante de peregrinación medieval europea.

La Abadía de Santa Fé, del siglo XI, es un tesoro del románico que cuenta con el friso del Juicio Final, joya de la escultura medieval que merece la pena observar con detenimiento porque está muy bien conservado, podría decir que es el mejor o de los mejores que he visto nunca. Una vez dentro de la abadía encontraréis más de 100 vidrieras y la estatua de la Majestad de Sainte-Foy de oro y piedras preciosas. Tiene una nave altísima con arcos en dos alturas. Dentro también encontramos una talla de la Virgen de Lourdes. Su claustro lo encontraréis en un lateral saliendo por la puerta principal a la izquierda.

Recorriendo la Plaza de la Abadía y las empedradas calles de Conques sientes que estás formando parte de aquella época, sus casas de piedra están muy bien conservadas y su construcción se adaptaba al terreno en diferentes niveles. 

Como siempre, en las afueras de la población, tanto al principio como al final hay aparcamientos a 6€ para el día entero.

Visitamos este capricho medieval a última hora de la tarde. El corazón de Belcastel es, sin duda, su imponente castillo, que ha sido restaurado con mimo, devolviéndole la gloria que tuvo en su época. Descendiendo por sus estrechas y sinuosas callejuelas empedradas, salpicadas por casas de piedra y tejados de pizarra, llegamos al puente medieval sobre el río Aveyron. Las vistas desde aquí forman una postal idílica, unido a la tranquilidad que se respira como si el tiempo se hubiera detenido. Entramos también en la minúscula iglesia, igualmente reconstruida.

Nuestra siguiente base de operaciones para los dos últimos días fue Rodez. Para ser sinceros no es una ciudad bonita, no tiene grandes monumentos ni una historia atractiva, lo más destacable es una de las catedrales góticas más alucinantes de la zona. La elegimos por su situación estratégica que permite descubrir otros puntos de la región. Por otro lado, tuvimos un apartamento de revista a nuestra disposición y muy bien de precio. Salvo un pequeño paseo por el centro y la catedral no podemos contaros mucho más.

La pequeña y encantadora Albi está situada a orillas del río Tarn. Esta ciudad es conocida como «La Roja» gracias al color de los ladrillos que adornan sus edificios dándole un aire cálido y acogedor. Albi es también el lugar de nacimiento del famoso pintor Henri de Toulouse-Lautrec, y cuenta con un museo dedicado a su obra. Su casco histórico es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La ciudad realmente nos encantó y pensamos que a nuestro viaje le hubiera faltado una noche más aquí.

En la oficina de turismo podéis adquirir el pase turístico para visitar los imprescindibles con un descuentito. Con las visitas a la catedral y al museo ya sale a cuenta.

El museo de Henri de Toulouse-Lautrec está en la antigua residencia episcopal (Palacio de la Berbie) y alberga la colección más  importante de obras del pintor. Lo que más nos gustó fueron sus célebres carteles de locales nocturnos parisinos de la época y que algunas de sus inspiraciones estaban basadas en estampas japonesas. La visita del museo puede llevarte un par de horas tranquilamente. Una vez en el exterior es obligado un paseo por los jardines del palacio, con unas excelentes vistas del puente sobre el río Tarn y la otra orilla con marcados tonos rosa y ocre de los edificios.

Buscamos algún sitio para comer en el mercado cubierto de Albi, pero los estrictos horarios franceses de las comidas nos tumbaron casi todas las opciones. Terminamos pidiendo un menú de crepes y un bocadillo para sentarnos en un banco al lado de la catedral, y ni tan mal.

La joya de la ciudad es la Catedral de Santa Cecilia, una obra maestra del gótico meridional que, con su imponente estructura, más parece una fortaleza que un lugar de culto. Es la catedral de ladrillo más grande del mundo, tardó en construirse cerca de un siglo y además formaba parte del sistema defensivo de murallas de Albi.

Para visitarla recomendamos pagar la entrada que incluye una audioguía en castellano y acceso al coro y al tesoro de la catedral. Descubrimos un montón de curiosidades y parte de la fascinante historia de la catedral. El interior es especialmente sorprendente, cuando entras en ella te quedas boquiabierto. Sus bóvedas y paredes ricamente decoradas con pinturas y frescos reflejan la ostentación con la que la iglesia cristiana luchaba contra los herejes cátaros, que predicaban la pobreza. El grandioso altar mayor en el que se representa el Juicio Final, coronado por un tremendo órgano barroco, es también digno de admirar. Tiene multitud de detalles y sorpresas en sus diferentes partes, el purgatorio, el cielo y el infierno.

Nos quedamos con ganas de más de esta ciudad tan acogedora y afable.

Es un pueblo sorprendente encaramado en una loma, vigilante sobre los valles circundantes. Completamente amurallado, y lleno de palacios góticos que reflejan la pujanza económica que tuvo en la Edad Media cuando era un importante centro textil.

Como en todos estos pueblecitos con encanto, el parking tiene una tarifa de 6€ excepto uno que localizamos a la entrada abajo del todo donde también aparcan autocaravanas y  es gratuito, eso sí, preparaos para realizar un ascenso con un desnivel de 71 metros con una pendiente de casi un 15%.

Nosotros nos dividimos. Gabi me dejó arriba del todo y yo caminé la empinada cuesta hacia abajo que él sufrió cuesta arriba. Otra opción a tener en cuenta es el trenecito que parte de la Place de la Bouteillerie y sube hasta la Porte de la Jane. 

En la parte alta comencé mi recorrido en la Iglesia de Saint-Michel situada detrás de la oficina de turismo. Es de estilo gótico y tiene una torre muy alta con un campanario. En unos pasos se llega hasta la plaza del Mercado Cubierto construido en la Edad Media para el comercio del textil y el cuero. Allí debajo hay un pozo de 100 metros de profundidad. Este nivel de la población tiene calles más estrechas que se van abriendo conforme se desciende. 

La ciudad tenía murallas medievales con diferentes puertas, como la de Vainqueur y la de l’Horloge y torres defensivas como la Torre de la Barbacane que es circular. En cuanto a las puertas de las murallas, merece la pena nombrar la Porte de Rous, preparada para puertas levadizas, y la Porte de l’Horloge, una de las puertas de la muralla a la que en época posterior se le añadió el reloj que le da nombre. Fue nuestro punto de encuentro.

Las calles empedradas, sus palacios góticos, los talleres de los artistas conforman un conjunto medieval excepcionalmente bien conservado que vivió tiempos peores. Su resurgir se produjo durante la Segunda Guerra Mundial gracias a artesanos y artistas. Desde entonces Cordes-sur-Ciel es un importante centro de talleres, estudios, galerías de artistas, joyeros, ceramistas, pintores, fotógrafos… Tenéis diferentes opciones para visitar.

Entre sus palacios góticos medievales cabe destacar el de la oficina de turismo Maison Gaugiran, Maison du Grande Écuyer, Maison Ladevèze, Maison du Grand Veneur, Maison Fonpeyrouse, Maison du Grand Fauconnier que alberga el museo de arte moderno y contemporáneo, Maison Prunet que alberga el museo del azúcar, etc

Continuamos la bajada por la Escalera del Pater Noster por la que subían los peregrinos. Y al fin llegamos a la parte baja a la Place de la Bouteillerie. Ciertamente un buen paseo por esta imponente villa medieval.

Después de visitar Albi y Cordes-sur-Ciel, disponíamos de muy poquito tiempo para visitar Najac. Aparcamos arriba y fuimos recorriendo su preciosa Place du Faubourg con soportales buscando el inicio de la calle de bajada, lugar desde el cual se toman las mejores fotografías de la Fortaleza de Najac, un castillo medieval que se puede visitar y disfrutar de las magníficas vistas del pueblo. Además Najac dispone de miradores sobre el río Aveyron para disfrutar de un entorno tranquilo y privilegiado. Este es un destino de deportes de aventura para los que buscan practicar senderismo, bicicleta de montaña, piragüismo, natación o escalada.

Como decimos, creemos que a nuestro viaje le faltó una noche, no obstante el balance fue muy positivo y es un recorrido muy agradable para hacer por tu cuenta en coche y marcando tu propio ritmo.

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