Etapa 1: Yangón

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Mingala Ba Myanmar! Recién llegados de nuestra incursión por Myanmar, la joya asiática que se va abriendo al mundo paso a paso, todavía sintiendo ese calor pegajoso y las sonrisas perennes de sus gentes, maravillados con su impresionante patrimonio y su rica gastronomía. Queremos mostraros nuestras sensaciones y experiencias en nuestro recorrido por este maravilloso país, si bien no pretendemos ser una guía de viajes, que para eso ya hay muchos otros blogs y muy buenos. Empezamos por Yangón, nuestro primer contacto al llegar y la última visita en nuestro recorrido birmano. Las ciudades que hemos visitado en nuestro periplo no gozan de una atracción turística en sí, son muy lineales, con sus servicios, sus tiendas, sus cervecerías, orientadas a sus habitantes salvo los hoteles. No parece haber una empatía hacia el turista en los servicios de las ciudades o, dicho de otro modo, no ha llegado todavía la globalización, excepto en Yangón (anteriormente fue Rangún, antigua capital británica) donde sí se ven esos rasgos occidentales, bazares enormes, restaurantes y cafeterías vanguardistas o grandes centros comerciales. Por otro lado, aquí se pueden contemplar bellos edificios de su pasado colonial y míticas pagodas.

Mapa de Yangón

Yangón empieza a sufrir los atascos de tráfico de otras grandes urbes del Sudeste Asiático, como Bangkok, Delhi o Yakarta; con unos 6 millones de habitantes, los largos desplazamientos diarios son habituales ya que es muy alargada, estando el centro en la parte Sur. Muchas calles del Downtown recuerdan a las de la Habana Vieja o al malecón habanero, destartaladas, con hambre de pintura y tintes negruzcos en sus muros, cambiando los ritmos del son cubano que envuelven sus calles por los toques de claxon insistentes y estridentes de los birmanos en su afán por no usar intermitentes.

Es una ciudad que vive en la calle, donde se ve actividad hasta bien entrada la noche. En los barrios chino e indio hay multitud de puestos callejeros en cualquier minúsculo trozo de acera, siendo a veces una yincana recorrerlos; y vibrantes mercados donde normalmente también pasan vehículos sorteando gente y puestos de venta.

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También llama la atención la cantidad de tiendas de telefonía móvil y los puestos de venta de móviles de segunda mano, y es que todo el mundo tiene smartphone, incluso los monjes parecen auténticos millennials pegados a sus celulares. El mercado de telefonía móvil se liberalizó en 2014 y se ve que los birmanos no han perdido para nada el tiempo en ponerse al día, puesto que la red móvil funciona bastante bien. Nosotros compramos una tarjeta SIM de datos (Telenor) para tener internet (4 Gb por 5.000 kyats, casi 3€) y disfrutamos casi siempre de conexión 4G, excepto en pueblos o en el trekking.

Imprescindibles

Civitatis

La pagoda por referencia es la Shwedagon, con casi 100 mtrs de altura es una de las más impresionantes de Asia y lugar de peregrinación de todo budista practicante. Se dice que guarda en su base varios pelos de Buda (reliquia). Sus orígenes parecen estar entre los siglos VI y X, ha sido restaurada varias veces por la multitud de incendios, saqueos y terremotos que ha sufrido. Esta bañada en pan de oro y en su cumbre hay miles de ofrendas de sus fieles en forma de anillos, colgantes, pendientes, etc además de un diamante inmenso.

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El ambiente de espiritualidad y misticismo que se respira te sobrecoge. Es muy agradable observar a la gente en sus rutinas ceremoniales, rezando o meditando en los distintos espacios alrededor de la pagoda, además recibe peregrinos de las diferentes etnias del país. Hay una sucesión de altares equidistantes correspondientes a cada día de la semana en los que los creyentes van lavando la cara del buda varias veces con unas jarritas con agua, para tener buena suerte en algún suceso o acontecimiento futuro.

Chaukhtagyi Paya. Cerca de Shwedagon está esta pagoda que alberga un buda reclinado de 65 mtrs de largo. Construido en 1966 después de demoler la anterior imagen y gracias a donaciones del pueblo, incluida la impresionante estructura de acero donde se cobija. La cara de esta imagen es una de las más realistas y bonitas que hemos visto.

Sule Pagoda. Está situada en el centro del Downtown. Tiene unos 46 mtrs de altura y está totalmente reformada.

Al este de Sule Pagoda se encuentran los edificios coloniales que resisten el paso del tiempo, algunos abandonados y otros restaurados, como por ejemplo: Ayuntamiento, Corte de Justicia (High Court), Ministers Office (antigua sede del exsecretario británico), Customs house (Aduana), Hotel Strand, etc. Nuestra visita no los abarcó todos pues la lluvia nos impidió terminar el recorrido.

Mercado Bogyoke Aung San. Un enorme bazar al estilo del de Estambul donde abundan las joyerías, tiendas de pinturas, telas, regalos, etc. Cita obligada para cualquier turista medio y, por supuesto, toca regatear.

Hay diversos templos de las otras religiones que conviven en esta megalópolis, hinduistas, musulmanes, taoísta, católica, etc. incluso una sinagoga para una minoría judía.

Chinatown

El barrio chino merece una visita dedicada. Recorrer los diversos puestos de comida que abarrotan las calles mientras esquivas bicicletas, tricksaws o camionetas tiene su encanto, y su riesgo. Además las tiendas están organizadas por calles, por ejemplo en una se dedican a los envases de plástico, en la siguiente a utensilios de bricolaje, en otra a cuerdas de todo tipo, etc.

En la calle 19 hay multitud de restaurantes de comida china con una excelente relación calidad-precio.

Parques

Hay varios parques extensos y bien cuidados que constituyen un remanso de paz dentro del caos de la ciudad. Nosotros visitamos el del Lago Kandawgyi y el People’s Park, ambos con excelentes vistas a la pagoda Shwedagon en el atardecer.

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En nuestro recorrido también experimentamos un viaje en el tren circular de Yangón. Es un medio de transporte deficitario, muy lento, con la infraestructura heredada de los británicos y en el que al gobierno birmano no le interesa invertir. Los trenes y coches que circulan actualmente provienen de donaciones de Japón, pero podrían estar retirados en cualquier museo ferroviario. El transporte es muy asequible, cada billete de este tren o del autobús urbano cuesta 200 kyats (0,12€). Durante el viaje es incesante el ir y venir de diversos vendedores ambulantes dentro del tren. Con media hora tuvimos suficiente para la experiencia ferroviaria.

Lo que más nos ha gustado

Sin duda los birmanos, sus sonrisas, su amabilidad. La gastronomía también es muy variada y rica, aunque hemos comido mejor en otras ciudades del país.

La pagoda Shwedagon no te deja indiferente, es de los lugares que dejan huella como el Taj Mahal, salvando las distancias.

La facilidad para conseguir un taxi mediante la aplicación Grab, con la que te evitas regatear ya que marca el precio de la carrera y te recoge en tu ubicación. No es como Uber ya que la usan los propios taxistas.

Lo que menos nos ha gustado

El tráfico en el centro llega a ser estresante, sobre todo a la hora de cruzar una avenida los conductores no respetan los pocos pasos de cebra que existen y hay que aventurarse a cruzar cuando se puede o escudarse en algún local imitando sus movimientos. Hay incluso vehículos que circulan de noche sin luces.

Por debajo de las aceras circulan las aguas residuales, cubiertas con planchas de hormigón y en algunos tramos el olor nauseabundo puede ser insoportable, bien porque las planchas estén rotas o por acumulación. También la iluminación fuera del centro de la ciudad es bastante deficiente, siendo peligroso cuando llueve o está mojado.

Próxima etapa: Mandalay

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