Ruta por los Alpes japoneses: Takayama, Shirakawago y Kanazawa

Nuestra visita a los Alpes japoneses empieza en Takayama, la joya de la corona de la prefectura de Gifu. Es una ciudad mediana de unos 90.000 habitantes donde la vida transcurre más despacio y se agradece desconectar unos días de las grandes urbes para conocer una realidad diferente de este país.

Cómo llegar

Nosotros salimos temprano de Kioto hacia Nagoya (tren Tokaido-Sanyo Shinkansen) y desde allí al tren panorámico Hida Limited Express dirección Takayama, ambos cubiertos por el Japan Rail Pass. Si partes desde Osaka es el mismo recorrido, pero desde Tokio también está la opción de desplazarse hasta Toyama. Fueron aproximadamente 4 horas de placer visual, entre montañas tapizadas de verde y pueblecitos enclavados entre valle y valle.

Qué ver

Dejamos las mochilas en una consigna de la estación, un recurso muy socorrido y barato en Japón. Solo teníamos un día y había que aprovecharlo. Recorrimos la ciudad caminando, no es necesario desplazarse en bus o metro. Cerca de la estación está el templo budista Hida Kokubunji, el más antiguo de la ciudad y, aunque no nos resultó especialmente atractivo, sí lo es el árbol que encontraréis justo al lado, tiene 1.200 años y fue declarado monumento nacional.

Seguimos caminando hasta el Mercado Matutino de Miyagawa que nació como mercado de verduras donde los agricultores vendían directamente sus productos a los clientes, de hecho hoy en día sigue siendo así, es un mercado de productos frescos y también encontraréis flores, algún souvenir y puestos de pinchos de carne de Hida que no nos resistimos a probar. 

La carne de Hida es una carne de res Wagyū de color rosado y veteada. Wagyū es una raza bovina originaria de Japón y aunque quizás la más famosa es la de Kobe, en Takayama están muy orgullosos de la de Hida. Hay muchos restaurantes donde degustarla, os recomendamos reservar porque en la calle se forman filas en los locales más famosos.

Adquirimos unos cacahuetes con sésamo, unos rascadores de madera para la espalda y continuamos caminando hasta el casco antiguo hacia sus tres calles principales Ichi-no-machi, Ni-no-machi y San-no-machi donde se concentran las casas tradicionales del período Edo, algunas se pueden visitar, así como tiendas de recuerdos y fábricas de sake, que se distinguen porque tienen una gran bola de cedro colgada en la puerta de entrada. Precisamente en la fábrica de Sake Funasaka, con una terraza interior encantadora, degustamos unos cuantos caldos. Algo a lo que te acostumbras en Japón es al autoservicio; en esta bodega hay una máquina que suministra los vasitos, y mediante unas fichas, que hay que comprar, te sirves en unos dispensadores diferentes tipos de sake más suaves o más fuertes.

Para comer elegimos el restaurante Hidagyu Maruaki que dispone de mesas con fogones para que te cocines la carne a tu gusto. En la carta veréis diferentes opciones. Tuvimos que informarnos para averiguar las clasificaciones y la mejor es la A5. La A significa que es carne de máximo aprovechamiento y el 5 que es la de mejor calidad. Elegimos un plato mixto de carnes de diferentes partes de la res acompañado con un plato de verduras para hacerlas a la plancha en los fogones, todo ello regado con un tinto de Burdeos. Es una carne que literalmente se derrite en el paladar debido a las infiltraciones de grasa. Personalmente, aunque disfruté la comida, por la tarde estuve con sensación de empacho, no me sienta bien la grasa y lo acusé. Pero hay que probar la carne Wagyū de Hida y Takayama es el mejor sitio de Japón para hacerlo. Por cierto, la comida nos costó unos 48€, inesperadamente barato.

Después de comer recogimos nuestras mochilas de la estación de tren y tomamos un autobús hasta el Ryokan que habíamos reservado: Murayama. Tened en cuenta la ubicación, pues a partir de las 5 PM ya no hay autobuses y es más tedioso moverse si estás lejos del centro. Los Ryokan son alojamientos de estilo tradicional japonés con futones para dormir y las paredes divisorias son paneles de papel corredizas. Caminar por el suelo de tatami es una delicia, aunque por contra los muebles y las mesas sean bajitas. Es curioso y os recomiendo la experiencia aunque no sea del todo cómodo. Al entrar en el alojamiento debes dejar tus zapatos y suelen proporcionar unas zapatillas para moverte por el interior. 

Este tipo de alojamientos disponen de onsen que son baños tradicionales japoneses de aguas termales. En la habitación teníamos un kimono para llegar hasta él. Habitualmente los onsen son de uso común y separados por sexos porque hay que entrar a ellos desnudos. En nuestro alojamiento disponían de onsen privado que fue nuestra elección para poder disfrutar juntos de la experiencia. Debes ducharte antes de entrar al agua. Está realmente caliente y tuvimos que salir varias veces a refrescarnos en la ducha.

Cómo llegar

Los autobuses desde Takayama hacia Shirakawago suelen llenarse rápidamente así que os recomendamos reservarlo con tiempo. La empresa que gestiona este servicio es Nohi Bus, y los billetes pueden comprarse online. Salimos temprano desde Takayama y en apenas una hora ya buscábamos donde guardar las mochilas. Las taquillas de la minúscula estación no fueron suficientes para la cantidad de turistas que llegamos, pero hay una casita, justo al salir, que hace las veces de guarda-equipajes, me parece recordar que nos guardaron las mochilas por unos 5€.

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Qué ver

Shirakawa-go es una recogida aldea de casas tradicionales denominadas Gasshō-zukuri, patrimonio Mundial de la Unesco, con el tejado triangular de paja que sustituyen cada 30 o 40 años. El cambio es muy costoso y por ello todos los vecinos se implican activa y económicamente. Este tejado está muy inclinado para evitar que se acumule la nieve en invierno por el peso que ello supone. Dando un paseo veréis cómo la tienen secando al sol. Dentro de cada casa tienen un fuego encendido para que el humo se eleve y mantenga la paja libre de bichos. Por otro lado, en verano ponen en marcha unos cañones enormes de agua y rocían los tejados para evitar el riesgo de incendios. 

Lo primero que hicimos al llegar fue tomar un autobús local para subir al observatorio Shiroyama y ver toda la población desde arriba, es un enclave precioso entre montañas. De allí bajamos tranquilamente para recorrer el pueblo y ver de cerca cómo transcurre la vida rural en Japón que dista bastante del ritmo frenético de las ciudades, aquí bajan las revoluciones y se vive a otra velocidad. Por cierto que nos llamaron la atención los pequeños vehículos en los que se desplazan, llamados kei car, bastante feos por cierto.

Cruzamos toda la población, llegamos hasta el puente colgante Ogimachi y fuimos volviendo pasando por delante del santuario sintoísta Shirakawa Hachiman. Como queríamos ver las casas por dentro, tomamos algo en la cafetería Rakujin que os recomendamos por lo curiosa que es. Sus cucharillas de café son todas diferentes.

De las casas-museo que se pueden visitar, elegimos la Casa Kanda. Está muy bien conservada y convertida en un museo. En el piso de abajo mantienen el fuego que os decíamos y se pueden subir sus cinco plantas hasta justo debajo del tejado. En cada planta tienen pequeñas exposiciones de herramientas, artilugios, cómo hacer sake, etc. 

También aprovechamos para adquirir algún recuerdo: carne de Hida preparada al vacío para llevar, caramelos de gelatina de sake, galletas con la forma de las casitas y tomamos el delicioso helado de melón que nos encantó en Japón. En las poquitas horas que estuvimos nos llevamos un gran recuerdo de esta aldea de cuento de hadas.

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Cómo llegar

Los mismos autobuses de Nohi Bus realizan el trayecto desde Shirakawa-go hacia Kanazawa en algo más de una hora. Muchos viajeros tienen esta ciudad como punto de salida de los Alpes, pero bien merece al menos un día de visita.

Qué ver

Aquí estuvimos dos noches en un hotel muy cómodo, con lavadora-secadora en la habitación y a un precio mucho más económico que en el resto de poblaciones.

Esta ciudad mediana se desarrolló durante el período Edo como la capital occidental de las bellas artes y la artesanía. Se salvó de los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial, así que muchos de sus puntos de interés se encuentran perfectamente conservados.

Nos encantó su mercado gastronómico Omicho, con más de 200 puestos de pescado y mariscos, es un mercado de galerías techadas (shotengai) en el que también hay restaurantes. Os recomendamos el Mori Mori Sushi Omicho y, aunque siempre está muy concurrido, te apuntas en un libro digital que tienen en la puerta y, conforme van saliendo comensales, va avanzando la entrada. Es un restaurante de kaiten sushi, de cintas transportadoras, y la calidad-precio es excepcional. Tuvimos una anécdota bastante curiosa, veréis: conforme pides platos mediante la tablet que hay en cada mesa, estos van llegando por una plataforma deslizante superior y son de diferente color según el precio. Al finalizar la comida puedes comprobar la cuenta final en la tablet. Cuando vinieron a cobrarnos, escanearon los platos con un aparato y nos mostraron la suma, la cual no coincidía con la que ofrecía la tablet. La meticulosidad del camarero que nos atendió y de su superior llegó al extremo de verificar cada plato que habíamos pedido con la cocina y la correspondencia del color. Tras un cuarto de hora interminable de múltiples comprobaciones, idas y venidas se disculparon con varias reverencias y otros tantos ‘sumimasen’, lamentando su inconcebible error y confirmando la cantidad mostrada en la tablet.

Pasamos por el santuario sintoísta Oyama, con un gran pórtico para acceder, tiene carácter protector y en él se obtiene buena suerte.

Un inmenso parque aloja el Castillo de Kanazawa y los jardines Gyokusen Inmaru de una gran belleza, es como si hubieran ordenado la naturaleza y, cada una de las plantas que están allí, hubiera sido designada para ocupar el lugar perfecto alrededor del estanque y los puentes. Fue mandado construir por el samurai Toshitsune Maeda. Unos simpáticos voluntarios jubilados nos contaron un poco la historia y anécdotas de este peculiar jardín japonés con un sinfín de detalles que admirar.

El Castillo de Kanazawa fue la base del poderoso clan Maeda, desde 1583 hasta finales de la era Edo. Ha sufrido numerosas reconstrucciones a lo largo de los años, sobre todo a causa de incendios. Actualmente está bien conservado y desde su torre se puede apreciar la vista panorámica de la ciudad. Cuenta con un foso a su alrededor y el Parque Sannomaru, ambos muy bien cuidados. También vimos una pequeña exposición de cómo están hechos los muros del Castillo y los materiales que empleaban. Durante nuestro recorrido no se podía ver el interior, pero el paseo por el parque alrededor de la edificación fue muy agradable.

Dentro del recinto del parque, los Jardines Kenrokuen están en el top 3 de jardines más bonitos del país. Están declarados como Bien Nacional de Belleza Paisajística y realmente lo son. Los pinos están podados con mimo buscando la forma más bella. La gravedad y el peso de la nieve en invierno se convierten en un problema y muchos de ellos tienen sus ramas apoyadas en postes de madera colocados de manera estratégica para no romper la armonía del conjunto. Es un paseo muy agradable entre estanques, puentes, casas de té, árboles y arbustos. El punto más llamativo es el estanque Kasumiga con el Puente Nijibashi (puente del arcoiris) y la lámpara tradicional Kotoji soportada en dos patas.

Nada más salir del parque, ¡sorpresa! El templo Ishiura shrine es un mini Fushimi Inari, con un caminito de toriis rojos, un pasadizo para colgar deseos escritos en unas pequeñas tablas de madera redondas y otro con omikujis, las tiras de papel donde está escrita la fortuna de manera aleatoria. Es el santuario más antiguo de la ciudad, aquí se reza a los dioses sintoístas espirituales de la naturaleza. Justo delante de la entrada al santuario encontraréis una variada oferta de Omamoris que podéis adquirir como recuerdo. Allí, como en tantos otros, están los leones de la boca abierta y la boca cerrada que, según nos explicaron, el de la boca abierta significa el nacimiento y el de la boca cerrada la muerte. 

Los distritos de Higashi Chaya, Nishi Chaya y Kazuemachi son los barrios tradicionales de geishas, donde disfrutar de un rico té. Esta vez tampoco divisamos ninguna geisha pero disfrutamos recorriendo las calles peatonales de casitas bajas de la época Edo con sus celosías de madera y en las que no existe contaminación acústica. Encontraréis casas de té reconvertidas en tiendas de recuerdos.

Para cenar hay opciones muy interesantes en el barrio de Katamachi con muchos restaurantes y rinconcitos de ambiente retro, como el callejón Chuo Mishokugai con gran variedad de izakayas.

Si tenéis planeado visitar los Alpes japoneses tened en cuenta Kanazawa, es una ciudad para disfrutar, mucho más manejable que Tokio y que cuenta incluso con playas, entre otras muchas actividades.

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