Etapa 3: Bagan

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Marco Polo retrató Bagan como “uno de los espectáculos más hermosos del mundo”. Un paisaje infinito, con un suave despliegue de cientos de templos entre el verde exhuberante de la vegetación y el vivo azul del cielo plantados a lo largo de la tierra rojiza.

De camino a Bagan hicimos una parada en Pakokku, una importante ciudad comercial del centro del país y un notable centro budista. El guía nos llevó a la pagoda Shwe Ku, donde tuvimos la suerte de ver un delicadísimo ‘retablo’ de madera de cerca, ya que estaban adecentando el interior de la urna de cristal donde se encuentra.

El antiguo reino de Pagan, de los más avanzados en su época y en el que convivían varios grupos étnicos, acumuló más de dos siglos de plena prosperidad. Pese a la majestuosidad que aún desprende, Bagan no es si no las ruinas de su capital, donde se erigieron más de 10.000 estupas y pequeños templos, y unos 3.000 monasterios. Desgraciadamente, guerras, terremotos, saqueos y la acción del tiempo apenas han dejado en pie algo menos de la mitad.

Antes de meternos de lleno en la llanura para la visita de los templos nos acercamos al mercado de Bagan, un bullicioso y colorido conjunto de puestos alineados donde se vende de todo. A ver si adivinais para que sirven las bolsitas de la foto de la derecha…

Ahora si nos metemos de lleno en el paraíso de los templos, os comentamos lo que más nos ha gustado o nos ha llamado la atención.

Civitatis

Htilominlo Pahto, uno de los más grandes con 46 metros de altura. Construído en el siglo XIII en el lugar donde el rey Nantaungmya fue elegido para subir al trono. El terremoto de 2016 afectó a este y otros muchos en Bagan, por eso vimos bastantes en obras. Lo mejor de este templo es observar los finísimos grabados sobre sus muros exteriores con decorados en arenisca. En el interior del templo hay pinturas que el paso del tiempo y la falta de respeto de algunos desdibujan el encanto y la dimensión que en su día tuvieron.

Uno de los puntos más espectaculares es el monasterio Nat Taung Kyaung, con unas tallas decorativas de mediados del s. XIX. La mayoría de los monasterios son de madera, este en concreto de teka, lo que dificulta su conservación y que muy pocos hayan llegado hasta nuestros días.

Es indescriptible la sensación al introducirse poco a poco en el templo de Ananda por su puerta Sur. A medida que te acercas al impresionante buda de pie, cambia su gesto serio por uno más amable, más risueño, como si se alegrara de vernos. Alberga cuatro budas que miran hacia los puntos cardinales y sólo dos son originales (puerta Norte y Sur).

No hay que perderse las reliquias que guardan en su interior, ni dejar de andar por sus pasillos con hornacinas y Budas del siglo XIII marcando el camino. En el exterior, a pesar de que el suelo quemaba bajo nuestros pies descalzos, había que llevarse algún recuerdo de esta maravilla.

Restaurado por completo en 1975 y una verdadera obra de arte de la arquitectura Mon que esta considerado como la abadía de Westminter de Birmania. Cuenta la leyenda que ocho monjes llegaron a la llanura de Bagan procedentes del Himalaya y el rey Kyanzittha quedó tan maravillado con las historias que le contaron que quiso construir un templo similar a los de las historias de los monjes. Una vez la construcción fue terminada el rey mandó ejecutar a los arquitectos para garantizarse que el templo fuese único. No hay nada igual en Bagan.

Visitamos también un taller de lacado, una de las especialidades de artesanía de esta región. Como imaginareis también es la típica visita que incluyen las agencias, pero esta nos gustó mucho. Podías observar todas las etapas de la fabricación, partiendo del molde con tiras de bambú. La preparación y el tiempo que lleva preparar cada pieza, algunas casi 6 meses, es incompatible con un mundo desarrollado y con la globalización.

Nada te prepara para el atardecer en Bagan. Subidos en lo alto de una colina, expresamente preparada, rodeados por móviles, cámaras, trípodes, esperando que el Sol se rinda al horizonte tratando de captar una instantánea de las puntiagudas cúpulas, erguidas entre las acacias. Hace unos años se permitía la ascensión a los templos más grandes para contemplar este momento, pero la prevención y el sentido común han resuelto que ya no sea posible. Probablemente se trate de los atardeceres más bonitos que haya visto en mi vida.

Al día siguiente empezamos en el templo Nanda Manya, un pequeño templo que significa ‘Deseo infinito’. Dentro hay unos murales muy bien conservados donde se pueden ver las penurias de Buda para llegar a la iluminación. Despúes de superar la etapa de la austeridad, el Buda Siddhartha Gautama decidió sentarse bajo un árbol, conocido con el árbol de la iluminación, en posición de loto y no moverse hasta alcanzar su objetivo. Los días pasaban y su voluntad permanecía inalterable. Una de las escenas que aparece representada en este templo es cuando Mara, el rey de los demonios, le envía ataques y tentaciones, concretamente sus tres hermosas hijas para que lo seduzcan, que representan el Deseo, la Satisfacción y el Arrepentimiento. Ellas le cantaban y le danzaban, le lanzaban miradas provocativas y palabras de elogio, levantaban sus faldas frente a el y le decían cosas como “quisiera ser la servidora de un gran hombre como tú”, pero Siddhartha Gautama no se inmutó.

De camino al poblado que íbamos a ver, nos deslumbró un gran templo de un blanco inmaculado, Leimyethna. Conocido como  el templo de las cuatro caras, tiene varias terrazas y destaca por una estupa dorada. Curiosamente había poca gente y pudimos ver con toda tranquilidad las esculturas y los murales de sus paredes.

Llegamos al pequeño poblado Minnanthu. Llega un momento en Bagan que te saturas de ver templos, esto unido al calor del mediodía es razón para alternar las visitas bajo el implacable sol con otras más indulgentes. Dar una vuelta por este pequeño poblado, merece la pena para ver escenas cotidianas de la vida en Bagan.

Como podeis observar, tienen una curiosa manera de acunar a un peque dentro de un cestillo, je je.

Sulamani, otro de los imprescindibles en Bagan. En el terremoto de 2016 perdió su estupa superior, reconstruída después de otro terremoto en 1975. Lo interesante en este caso está en el interior, unos pasillos estrechos y altos donde disfrutar de los magníficos frescos del s. XII y otras restauraciones a lo ‘Ecce Homo’ del s. XVIII. Digo esto porque las restauraciones no han sido muy buenas ya que los artistas de este periodo borraron en algunos casos los frescos originales cubriéndolos con yeso blanco y sobre eso comenzaban a pintar de nuevo. Además en el interior se estaba bastante más fresquito que fuera.

Dhammayangyi temple, es el más grande de Bagan, de estructura piramidal con seis terrazas, dominando toda la llanura. Lo más impactante es verlo desde el exterior.

Nuestra última experiencia fue el paseo por el río Irawadi al atardecer. No hay palabras para definir las sensaciones que tuvimos, sólo que si vais a Birmania no dejéis de hacer esta excursión, os encantará.

Lo que más nos ha gustado:

Aunque no pudimos hacer la excursión en globo, típica de Bagan, por la temporada de lluvias, disfrutamos muchísimo de los intensos atardeceres. Momentos en los que el tiempo se para y te afanas en buscar la mejor silueta del ‘sky line’.

Hay momentos durante el recorrido que te sientes transportado, quizás por tus vivencias o porque lo has visto en alguna película. Y es que algunos paisajes te recuerdan por ejemplo a Africa.

Lo que menos nos ha gustado:

El ambiente de recogimiento y espiritualidad contrasta con las oleadas de turistas, mayoritariamente chinos, que, armados con sus smartphones, sortean a los fieles o directamente se plantan delante para hacerse un selfie. Algunos se comportan como auténticos energúmenos, como los que nos tocaron en el hotel donde nos alojamos, haciendo ruido hasta bien entrada la noche, siendo maleducados y bastante irrespetuosos. Por otro lado nadie protesta, salvo los occidentales. La paz no se rompe. Conviene ganar puntos para la nueva vida en el más allá, nadie quiere retornar convertido en un insecto.

Próxima etapa: Lago Inle

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