Esos viajes interrumpidos

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Supongo que a todas las personas que nos gusta viajar, de un modo u otro, soñamos con el próximo destino. Personalmente no puedo evitarlo, viajar forma parte de mi ADN, he tenido la gran suerte de haberlo hecho desde muy pequeña.

Nuestro último viaje fue a Menorca y, nuestro último gran viaje, fue a Myanmar. Volviendo de allí, durante el vuelo, decidimos escribir cada uno nuestros quince o veinte lugares imprescindibles que no queremos dejar de conocer. Curiosamente, y habiéndolo hecho individualmente, coincidimos en muchos de ellos. Sólo había que ordenarlos y decidir por cuál empezar.

Nos tomó tiempo porque somos unos grandes enamorados de Asia y, cambiar radicalmente de zona, supone mentalizarnos cuando tomamos otro rumbo, sobre todo porque las vacaciones son limitadas y, decidir un destino, implica aplazar un año el siguiente.

Supongo que a todos nos influye la opinión de personas cercanas que han estado en uno u otro sitio. No me gusta que me condicione porque sé que cada uno vivimos cada lugar de una forma dependiendo del momento en que vamos, nuestros gustos, etc pero llevábamos tiempo dándole vueltas a Perú, gran destino, gran país y maravillas por conocer.

Así que estábamos decididos y empezamos a estudiar qué lugares queríamos visitar, preguntamos a los que habían estado antes, nos informamos por internet e incluso empezamos a pedir presupuestos de algún guía que nos acompañara y a mirar en serio los vuelos con toda la intención de reservar si nos cuadraban fechas y horarios.

Civitatis

Algo en mi interior me decía que no contratásemos nada en firme, ese sexto sentido que te habla desde dentro, ese pálpito que te dice que no. No sabía si todavía tenía dudas con el destino o qué pero algo me decía que esperase, que no estaban las cosas claras.

Ahora y, como decimos en España “a toro pasado…”, me alegro de haber hecho caso a esa voz interior. Quién iba a pensar que este maldito virus iba a extenderse de esta forma e iba a truncar todos nuestros sueños, todos nuestros planes.  

Y en medio de este confinamiento me pongo a escribir lo que pasa por mi cabeza, tratando de serenarme y poner cordura a todo, decirme que esto pasará y volveremos a la normalidad pero ¿cuál será a partir de ahora nuestra normalidad? Cuando esto pase, las economías quedarán muy dañadas y el poder adquisitivo no será el mismo. Si tenemos que mantener una distancia vital de seguridad en medios de transporte, ¿quién podrá permitirse pagar el precio de un billete de avión? ¿Provocará esta crisis mundial la introducción de nuevas normas que dificulten la movilidad libre entre países? ¿Nos gobernará el miedo?

En lo que seguro nos condicionará es en la contratación de un buen seguro de viaje, un buen seguro de salud para cada destino. Nadie se arriesgará a salir sin él después de haber visto a tantas personas atrapadas fuera de su casa y con miedo de contraer la enfermedad sin estar cubiertas.

A ratos me evado soñando con lugares maravillosos, me imagino en este u otro lugar, en aquellos destinos plasmados en aquel papel, aquella lista,  y me pregunto si llegaré a conocerlos. Me prohíbo pensar en negativo y me digo que sí podremos, pero nadie lo sabe.

De momento este año, si termina este confinamiento que nos tiene a todos encerrados en casa, trataremos de hacer turismo de interior porque nuestra propia economía lo necesita. En España el turismo representa casi el 15% del PIB (producto interior bruto) así que una caída brutal de este sector puede hundir considerablemente al país.

Otro de nuestros motivos es la prevención. Uno prefiere estar cerca de casa si hay una mínima posibilidad de contraer una enfermedad o si alguien de la familia lo hace.

No sabemos si los restaurantes estarán abiertos, pero si se puede viajar alojándote en apartamento, será cuestión de comprar la comida y cocinarla tú. No será lo mismo, no te dará tanta libertad pero, al menos, viajaremos. De momento prima la necesaria sensación de seguridad aunque el anhelo de viajar consiga que lo hagamos, aunque tengamos que hacerlo con mascarilla y guantes. Ya nos hemos acostumbrado a los controles de los aeropuertos, no pasar líquidos, etc, así que asumiremos lo que venga con tal de poder seguir disfrutando de algo que tenemos tan interiorizado: VIAJAR.

2 comentarios

  1. ¡Nos ha encantado leer este artículo! Pensamos igual, este año tocará hacer turismo nacional pero más que nada porque pondrán muchísimas restricciones a los españoles para viajar a otros países.
    ¡Qué ganas de escuchar la megafonía de un aeropuerto!
    Saludos 🙂

    1. Gracias por tu comentario Ezequiel! qué razón tienes, la megafonía de un aeropuerto me pone las pilas!!! Crucemos los dedos para poder estar soñando y volar muy pronto. Saludos 🙂

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